<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310</id><updated>2011-07-08T20:00:29.104+02:00</updated><category term='Media Maratón'/><category term='Poesía'/><category term='GTP'/><category term='Cross'/><category term='Maratón'/><category term='MAM'/><category term='Montaña'/><category term='Jadraque'/><category term='Sigüenza'/><category term='Correr'/><category term='La Pedriza'/><title type='text'>el corredor de la fruta</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-8312854653856327091</id><published>2011-06-15T13:23:00.001+02:00</published><updated>2011-06-15T13:26:00.420+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Montaña'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='MAM'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Maratón'/><title type='text'>No digas que fue un sueño</title><content type='html'>&lt;em&gt;La una de la mañana y no hay quien pegue ojo… cagonlamarsalada… voy a salir al salón a leer un poco, a ver si me entra el sueño. Qué puñetas, y con el madrugón que hay que pegarse mañana. Puf… pero si no veo ni las páginas. Un vaso de leche caliente, eso dicen que da sueño, venga va, para adentro… puaj… hubiera sido mejor una cerveza... A ver si leyendo… el caso es que me está entrando un poco de modorrilla, si no fuera por estos nervios…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;La salida del Maratón Alpino. Nervios, excitación, ilusión, algo de miedo. Y muchos amigos, los que vamos a correr el MAM (Carlos Micra, Juan Aspen, Paloma, Jesús Zero, Josito, Angel Malaika, Carlos Darth, Paco Sandp, Iván y Ana “los Cabesc”, Carlos Velayos, Nacho Silvestre), algún “telegrafista” (Abel y Marina), y el paquete montañero por excelencia, Sergio Mayayo, que cámara en ristre nos anima y bromea para sacar fuera tanta tensión. Es por estar en este lugar y con esta gente por lo que merece la pena tanto madrugón, tanto entrenamiento y tanto sudor. Cuando por fin salimos, hacemos unos metros de trote de cara al público, y en seguida la senda se empina y a caminar. Hacia el Puerto de Navacerrada. La temperatura aún es fresca, pero no se ve ni una nube. Mala noticia para mí, que con los nervios y la tontería ni siquiera me he dado crema solar. Ay pardillete. Pero de momento no importa. Disfruto de ascender por este bosque mágico, vadeando cuidadosamente el río para no mojar las zapatillas, compartiendo senda casi todo el tiempo con Jesús, Ángel, Paloma y Josito. Charlamos, bromeamos, jugueteamos con adelantarnos unos a otros. Disfrutamos. Cuando el camino del Calvario se empina más, solo se oye el rumor de docenas de zapatillas mezclado con respiraciones ávidas y el golpeteo de bastones de algunos corredores. Cuando suaviza la pendiente, trotamos, buscando arañar “calderilla”, un puñado de segundos que ofrecer como tributo al Dios Cronos. Llegamos al telesilla, la cuesta aquí es dura de pelotas, pero aún hay fuerzas para subir a buen paso, y dedicar un saludo-jadeo a Mayayo, que nos anima e inmortaliza con su cámara. Qué alegría verle aquí, sonriente y transmitiéndonos el ánimo y la fuerza que rebosa este navarro tenaz. Oímos como bocinas y sirenas suenan en el cercano Puerto, dando la bienvenida a los corredores…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Joder, quién será el capullo que toca el claxon a estas horas de la noche… la madre que le… ahora que había cogido el sueño… Cagonlaleche, las dos y diez de la mañana… cómo se nota que mañana no tienen que madrugar. A ver, el libro, por dónde iba… esto ni me acuerdo de haberlo leído, voy a empezar un par de páginas más atrás a ver si… ¿he echado la vaselina en la bolsa? Si, al lado de los geles… vaya rollo de libro ¿ficción? Pero si esto no hay quien se lo crea, menuda bola…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Ya estamos subiendo a Bola. Esto se pone duro. Odio esta subida. Roca descarnada y suelta, los pies resbalan, el sudor corre generosamente, y parece que no se termina nunca. Voy detrás de Zero y de Paloma. Zero con esa indestructible fuerza de voluntad que exhibe en las grandes ocasiones. Paloma ligera como su alado nombre, parece que flota sobre las piedras. Por fin, los cohetes espaciales. Tintín en la Luna. Me vuelvo, veo el paisaje increíble a mis pies, me quedo pasmado unos instantes. Qué maravilla. Y que aún haya quien nos pregunta por qué hacemos esto… Avituallamiento, y toca bajada. Voy fenomenal de tiempo. Zero me dice que me pegue a su trasero. Dejando de lado el incierto atractivo de su indecente proposición, un par de malas pisadas en las que casi pierdo el tobillo me hacen echar el freno de mano. No es mi ritmo de bajada, y corro el riesgo de echarlo todo a rodar (empezando por mi larga osamenta) Poco a poco pierdo de vista a Zero y a Paloma, pero mantengo un buen ritmo y llego a Cotos según los cálculos. Beber, comer, beber. Aparece David, otro de los paquetes del atleta. Qué alegría, compañero. Gracias. Y toca subir a Peñalara. Me he quedado solo, pero en el MAM nunca estás solo. Voy un rato detrás de un dicharachero Tierra Trágame, anuncia que él va a hacer entre 6:30 y 7:00 ¿dónde firmo? Siempre tras él, corono Cítores, perseguidos por enjambres de moscas de proporciones bíblicas, y castigados por un cada vez más implacable Sol. De allí a Peñalara, la cumbre de Madrid, a punto de hacer cima me cruzo con Zero y Josito, que ya bajan. A Paloma no la he visto, yo creo que ya ha echado a volar. “Hay que tocar” me dicen. Pues toco el vértice, y me agarro a él con mis dos manos enguantadas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿He metido los guantes en la mochila? ¿Eran material obligatorio? Lo mío son mitones, ¿valdrán como guantes? Las tres y cinco. Me ahorro la rima. Esto no puede ser bueno, cuando me levante voy a estar hecho unos zorros. Hay que dormir, Jorge, hay que dormir, dormir…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Llego a Cotos por segunda vez. No he hecho mal descenso, aún voy dentro del plan. Me encuentro bien, pero un poco acalorado de más. De nuevo saludo a David, que me anuncia que Paloma y Zero acaban de irse, y me encuentro a Nacho. Lo ha dejado en Cotos. Ha hecho bien. Qué coño, mejor que bien. Cuanta gente no podría ni plantearse hacer 15 kilómetros de dura montaña, superando un desnivel de más de 1.000 metros. Algún día haremos juntos el MAM, vecino. Aparece Josito, no esperaba verle aún aquí. Ha decidido que, en su primer MAM, prefiere llegar contento y con una sonrisa, que buscar tal o cual marca. Sabia decisión. Sobre todo está preocupado por su compinche Malaika, también a mi me extraña su ausencia. Pero nos vamos. Siento un calor del carajo, y aunque he bebido, tengo sed. Malo, malo. Josito y yo trotamos un rato. Me cuesta mantener su ritmo. Me siento mal, tengo un batiburrillo en el estómago que no presagia nada bueno. En este tramo de subibaja camino de los tubos, me sacude un pajarón del quince. Josito se me va, me encuentro fatal, la boca seca, el rostro de arena, cubierto de sal reseca, las piernas de gelatina. Apenas puedo trotar cuesta abajo. Me adelanta uno, otro, otro más. Los numerosos excursionistas se apartan a mi paso. Me aplauden. Y yo apenas puedo agradecerlo. Qué calvario. Y en mi cabeza martilleando un pensamiento: “… aún me quedan los tubos. Y estoy solo.” Joderjoderjoder. Me entra el pánico. ¿Qué hago aquí? ¿Pero quién me manda? ¿Y si lo dejo? En éstas alegrías estoy, cuando llego a la base de los Tubos. Josito, sentado en una piedra, me está esperando. Viva la madre que te parió. Vamos para arriba por esta puta pared. Paso a paso. Piedra a piedra. Metro a metro. Las manos en la cintura. Jadeo. Maldigo. Tropiezo, levanto la cabeza, boqueo buscando aire, el Sol golpea sin piedad. Me paro. Josito, siempre unos metros por delante, me anima. Recuerdo al Loco el año pasado. Hay que echarle pelotas, me digo. Arranco otra vez. Otro paso, otro metro. Se me hace durísimo. Sufro como un perro. El crono, a la mierda el crono, solo quiero acabar. Y no se acaba nunca, por Dios, que termine esto ya. No puedo más. Pero puedo. Y por fin, el collado. Y el agua. Bebo y me remojo con la fría agua de Cabezas de Hierro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me despierto empapado en sudor. Que angustia, que pesadilla. Bufffff. Ostras, el buff, ¿lo tengo preparado? Sisisi, el de los paquetes, y el de Hello Kitty. Creo que me voy a poner este, es más clarito y además regalo de mi Santa, y me recuerda a mis niñas. Pero me llevaré también el de los paquetes. ¿Están en la bolsa o encima de la silla? Creo que me los he dejado dentro del bidé. Las cuatro menos diez, cagonla…, cierra el ojo, que hay que descansar…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Descansamos un buen rato, esto me da la vida, porque ya no podía con mi alma. Y casi cuando vamos a volver a arrancar, aparece Malaika, no sé quién tiene más alegría del encuentro, si él o nosotros. Prolongamos el descanso. Bebemos, estiramos, Malaika remoja sus cansados pies en un agua fría como el hielo. Y por fin arranco junto a los dos galvaneros, hemos estado cerca de media hora parados. Pero en cuanto empezamos a trepar por el canchal de Cabezas, parece que no hubiéramos descansado nada. Qué dolor de piernas. Josito, casi sin querer, se nos va. Malaika y yo ponemos ritmo de supervivencia , tanto da llegar media hora antes que después. Hacemos cima, esto está casi hecho, charlando y trotiandando vamos haciendo camino, superamos Valdemartin, llegamos a Bola. Erramos el camino, como nos advierte entre risas uno de los voluntarios “¿es que ninguno veis las marcas?” Como para ver marcas estamos. En Bola nos juntamos con un amigo de Paloma, Angel, cuya hija está de voluntaria en el avituallamiento. Qué envidia. Nos ofrecen una cerveza, caliente y sin alcohol, pero la intención es lo que cuenta. Qué gente, los voluntarios. De mayor quiero ser como ellos. Bajamos de Bola con más miedo que vergüenza, que estamos acabando y estaría bueno pegársela al final (se han dado casos) Puerto de Navacerrada por segunda vez, parece que hace un siglo que pasamos por aquí. Josito está esperándonos. Bebemos, comemos, me dan ganas de besar a las voluntarias (a los voluntarios también, pero menos) Ya lo tenemos. Josito nos dice que se va y que ya le pillaremos en la bajada. Qué humorista este Josito. Nos vamos, Cercedilla nos espera. Y una cerveza fría. Al trote, al trote… chapoteamos y saltamos en el río como niños felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Jorge, deja de moverte. No haces más que dar vueltas. Duerme.” Joder, pero si estaba durmiendo. Es ahora cuando estoy despierto. Y ella mírala, dormida. Me riñe en sueños. ¿O he soñado que me riñe? Se me está yendo la pinza, ay madre, las cinco de la mañana, que nochecita toledana. ¿Porqué diremos esto de la noche toledana? Se lo preguntaré a Aspen, o a Darth, que lo sabe todo, que tipo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Que tipos, estos que nos animan a 300 metros de la meta. Nos ven llegar andando, charlando, sonriendo. Y nos azuzan “¡venga, correr un poquito!” mitad en broma mitad en serio. Malaika y yo nos miramos, nos reímos, y corremos. La meta. Ya estamos. Y hay que disfrutar este momento, que vale por las casi ocho horas que llevamos en la montaña. Por la megafonía anuncian que llegan dos supervivientes, somos nosotros, pasamos bajo el arco, oigo a Txamo (gracias Javi) más que verle, le doy la mano a Malaika, cruzamos la meta, levantamos los brazos, nos abrazamos, lo hemos conseguido. Supervivientes. Saludamos a Josito, a Nacho, estamos cansados, sudorosos y borrachos, borrachos de pura felicidad, y solo al cabo de un rato me acuerdo del reloj, se me ha olvidado parar el reloj, el reloj…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ti-tititi-ti-tititi-ti… Las cinco y media. Por fin. Salto de la cama, muerto de sueño pero feliz. Voy a correr el MAM otra vez. &lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-8312854653856327091?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/8312854653856327091/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2011/06/no-digas-que-fue-un-sueno.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8312854653856327091'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8312854653856327091'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2011/06/no-digas-que-fue-un-sueno.html' title='No digas que fue un sueño'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-3453294053775649332</id><published>2010-07-27T09:16:00.006+02:00</published><updated>2010-07-28T12:44:35.340+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Montaña'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GTP'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><title type='text'>Veintiocho horas</title><content type='html'>Las manecillas del reloj caminan lentas hacia las seis, las seis en sombra de la madrugada. Agotado, sentado en el borde de una senda en medio de la oscuridad, envuelto por la imponente negrura del bosque de Valsaín, apoyo mi cabeza en las rodillas, y los ojos se me caen. Los entreabro, y a mi lado en la oscuridad veo a Jesús y a Juan, en idéntica situación. Rotos de sueño, destrozados por casi noventa kilómetros de montaña, pero no derrotados. Un poco más atrás, Fran también descansa, al límite de sus fuerzas. Vuelvo a cerrar los ojos, y mi cabeza vuela hacia atrás, al momento en que empezó todo esto, hace apenas unas horas. Horas intensas, felices, agónicas. Horas de esfuerzo, y de dolor. Horas de amistad y camaradería. Horas duras y hermosas como cristal de roca. Horas de disfrute absoluto y de sufrimiento extremo. Horas que no olvidaremos jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin llegó el día. Estamos aquí, en el polideportivo de Navacerrada, pasando el control de material. En unos minutos se pondrá en marcha esta insensata aventura en la que, con más corazón que cabeza, como acostumbramos, nos hemos embarcado unos cuantos paquetes: Luis CyT, Iván Cabesc, Angel Malaika, Guille, Andrés Bandoneón, Sergio Mayayo, Fran Yoku, Javi Locomotoro, Juan Aspen, Carlos Darth, Jesús Zero, Nacho Silvestre... cuanta buena gente, cuanta ilusión. Risas nerviosas, fotos, charlas... estamos deseando que esto empiece de una vez. Sobre las montañas que nos aguardan, la oscura amenaza de las nubes nos hace esperar una jornada pasada por agua. Tanto temer el calor, y ahora… La montaña, una vez más, es imprevisible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497196281028562802" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TEn25GdOT3I/AAAAAAAAAMk/pYfAfcqBqEM/s400/P1090655.JPG" border="0" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Grandes Tipos, los Paquetes (foto cortesía de Mayayo)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;¡La salida! Con una sonrisa en la boca (insensatos) nos ponemos en marcha. Una muchedumbre de atletas, pertrechados de mochilas, bastones, y toda clase de artilugios, nos hacen parecer, como decía el Loco, más buhoneros que corredores. Pero allá vamos. Recorremos las calles de Navacerrada, donde tenemos la alegría de ver (con cara de sueño) a Txamo, que ha ¿madrugado o trasnochado? para vernos y tirarnos alguna foto. Todo son sonrisas, bromas, ilusión a flor de piel. Pronto dejamos el pueblo y encaramos el camino de la Barranca. El grupo empieza a estirarse. Sergio, Luis, Angel e Iván se han ido para adelante y ya no les veremos más; su ritmo es otro, y no tenemos dudas de que lo conseguirán. El resto (el grueso de la paquetería, como le gusta decir a Darth) permanecemos más o menos agrupados, marchando a buen paso; el Loco y Silvestre parecen descolgarse poco a poco, pero se mantienen a la vista. Pasada la Fuente de la Campanilla, el camino va ganando altura y haciéndose cada vez más abrupto. La primera gran subida del día, la montaña Maliciosa, empieza a cobrar su tributo en forma de esfuerzo y sudor. Pero las fuerzas aún están intactas, y subimos con decisión y fe. Miro hacia atrás, y aún creo distinguir a Locomotoro, pero ya no veo a Silvestre; la hilera de corredores se pierde entre las nubes que nos rodean. El día está frío, neblinoso, parecería una mañana de otoño, pero estamos a 3 de julio. Pronto las nubes van cerrando sobre nosotros, y una fina lluvia comienza a caer. Empezamos bien. Me paro a ponerme el chubasquero, y veo como mis compañeros siguen y se pierden en la niebla delante de mí. Arranco a andar de nuevo bajo la lluvia, atisbando entre la neblina y la lluvia a los corredores que me preceden a ver si veo a alguno de mis amigos. Por fin veo a Darth. Trato de acelerar para ponerme a su altura, pero joder con el abogado, está fuerte el tío. Me cuesta Dios y ayuda llegar hasta él, poco antes de llegar al primer control del día. La Maliciosa, 2 horas y cuatro minutos de carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que bajar, y lo hacemos con cuidado. La lluvia ha empapado las rocas, y el descenso ya de por si complicado puede tornarse peligroso. Estoy pensando que es una lástima que no se vea nada del paisaje que nos rodea, cuando como respondiendo a mi apenas formulado deseo las nubes se abren delante de mí, dejándome ver el collado que nos espera abajo y la ladera de enfrente, por la que serpentean multicolores los corredores. La imagen es bellísima, la lluvia parece haber cesado, y me siento feliz y afortunado por estar aquí. Alcanzo a distinguir a Fran delante de mí, y poco a poco nos vamos acercando a él. Carlos se queda un poco rezagado, su puñetero gemelo empieza a darle guerra. Pero yo me uno a Fran, y juntos cresteamos la sierra de los Porrones y nos adentramos en el húmedo y empapado bosque de camino a Canto Cochino. La senda es muy corrible, y aprovechamos para ir trotando y ganar algo de tiempo, “calderilla” como dice CyT. Es uno de los mejores momentos del día. La temperatura es fresca, el bosque regado por la reciente lluvia exhala sus mejores aromas, nuestras fuerzas están intactas, y corremos bajo los pinos envueltos por la belleza infinita y grandiosa de la montaña. Fran me dice que se siente feliz, y no puedo estar más de acuerdo con él. Llegamos por fin a Canto Cochino en un tiempo excelente, 3 horas y 32 minutos de carrera, con casi tres cuartos de hora de adelanto sobre el cierre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TEn6CodnZcI/AAAAAAAAAMs/_CZgT6lKVdA/s1600/IMG_99_32.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497199743310718402" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 267px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TEn6CodnZcI/AAAAAAAAAMs/_CZgT6lKVdA/s400/IMG_99_32.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Foto de familia en Canto Cochino. Nos falta el Loco, ay, el loco...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Aquí nos avituallamos física y moralmente, porque al agua y alimentos sólidos hay que añadir que han venido a vernos y animarnos otro puñado de buenas gentes, desafiando a la lluvia y a las amenazas de tormenta: las &lt;em&gt;Wind sisters&lt;/em&gt; Marina y Paloma, Canillas, Luis Ibki, Txamo, Abel Afa… Cómo se agradece este empujón, gracias chicas y chicos. También recibimos SMS’s de ánimo, como el de Malagueta desde Almería: “…toda la suerte del mundo, paquetillos, estáis en nuestros corazones”, o el del maestro Gebre: “La Maliciosa quedó atrás. La Morcuera pronto lo hará. Y como se me da mal rimar, mucho ánimo y acabar”. Me emociono un poquito (soy facilón), y me acuerdo de todos los paquetes, en especial de Jordan y Gebre. Al uno un resbalón en el hielo, y al otro un resbalón de la vida, les han impedido estar aquí compartiendo esta aventura; estoy seguro de que el año que viene no faltarán. Mientras bebemos, comemos, nos reímos y fotografiamos, el pelotón paquetil se va reagrupando. Llegan Guille y Bandoneón, charlatanes y alegres (no dejaron de animarse a grito pelado en la subida de la Maliciosa) y al rato aparece Carlos Darth, con dos malas noticias. Silvestre no ha llegado a coronar la Maliciosa, y se ha dado media vuelta. Ser papá de nuevo y preparar una carrera de 110 kilómetros son dos tareas incompatibles, y el bueno de Nacho siempre ha tenido clara su prioridad. Habrá más GTP’s para él. Pero la segunda mala noticia es que Carlos se retira. El gemelo le ha dado un aviso serio, y de seguir en carrera se juega su integridad física y la temporada de buceo. Lástima, porque estaba muy fuerte, como demostró en el MAM. Creo que toma la decisión correcta, pero no deja de afectarnos ver que sufrimos las dos primeras bajas. Y el Loco, infatigable compañero el día del MAM, tampoco llega, lo que acrecienta nuestra preocupación. Pero no podemos esperar más, so pena de perder el margen que hemos ganado en este tramo. Así que nos despedimos de nuestros “animadores”, y formamos un cuarteto: Fran Yoku, Jesús Zerolito, Juan Aspen, y yo mismo. A partir de ahí, y hasta ese negro pinar de Valsaín, los cuatro haremos juntos la carrera, compartiendo penas y alegrías durante más de setenta kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La subida al collado de la Dehesilla es dura. Las nubes se están levantando, el sol de julio empieza a hacer acto de presencia, y la tierra respira pesadamente jirones de vapor. El calor húmedo y la pendiente son un cóctel explosivo. Sudo a chorros, pero por fin llegamos al control de arriba del collado. 4 horas y 48 minutos de carrera. La bajada, por una ladera exuberante de vegetación y humedad, se hace complicada. A pesar del apoyo de los bastones, me pego el primer par de culetazos, que hieren más mi orgullo que mi cuerpo. Empiezo a notar las primeras molestias en los pies, sorpresa desagradable y preocupante, porque en el MAM no sufrí en absoluto de los pies. No sé si serán las zapatillas húmedas, el calor, o las dos cosas, pero empieza un calvario que acabará por hacer que cada paso sea puro dolor. Dejamos la senda para coger un camino que ya merece tal nombre, recorriendo los para mi gusto más insulsos kilómetros del GTP, bajo un calorcillo regular (podía haber sido mucho peor), hasta llegar al siguiente control, la Ermita de San Blas, 6 horas y 30 minutos de carrera. Este tramo se está haciendo eterno, y aún queda la subida a La Morcuera, que recuerdo de aquel durísimo entrenamiento que nos hizo ver a todos la magnitud del monstruo que teníamos delante. Nos avituallamos, llamo a casa a dar el parte de novedades, y como me entretengo más de la cuenta, cuando arranco veo que mis compañeros me llevan algo de ventaja. Cien metros todo lo más. Cien metros que me cuesta un mundo recortar, me pego un buen calentón. Cuando por fin llego a su altura, en plena subida, hago un “autochequeo” y veo que no voy bien. Los pies han pasado de la molestia al dolor. Treinta y pocos kilómetros y me siento dolorido y agotado, con la sensación de ir con el gancho permanentemente, un punto por encima del ritmo que querría llevar. Juan camina con esa ligereza aparentemente fácil que le caracteriza. Jesús, con una fuerza y determinación impresionantes. Fran, con la tenacidad de los que nunca se rinden. Y yo voy jodido. Estoy comiendo y bebiendo, tomando sales, pero a pesar de todo mi viejo enemigo, el calor, sigue siendo mi Kriptonita. Claro, del malestar físico al mental sólo hay un paso. Los pensamientos negativos empiezan a abrirse paso a manotazos en mi cabeza. Por primera vez pienso que no voy a poder seguir, y tendré que abandonar; solo tengo la duda de si hacerlo en La Morcuera o seguir hasta Rascafría, para hacer al menos medio GTP. Me invade la rabia y la frustración, el sentir que el sueño se esfuma entre mis dedos. Rumio en silencio mi desconsuelo, tanto que mis compañeros, a pesar de que yo no sea precisamente charlatán, se extrañan de mi mutismo. Apenas alcanzo a decir que estoy “muy cansado”. Juan me dice algo que entonces no creí, pero el tiempo le daría la razón: “estás cansado, lógico, pero tu cuerpo puede seguir funcionando con ese cansancio un día entero. Es cuestión de cabeza”. Pues será cosa de cabeza, pero a mí me duelen los pies, tengo una molestia en la cadera, y mi estómago no está en su mejor momento. Y los kilómetros se eternizan hacia La Morcuera, y el Sol pega, y busco la sombra para huir de él, y parece que no llegaremos nunca. Jesús y Juan se despegan unos metros por delante, yo sigo la estela de Fran-&lt;em&gt;diésel&lt;/em&gt;, que sube a su ritmo, incansable, ritmo que trato de que sea el mío. Cerca ya del puerto, unos voluntarios nos animan “¡ese chico! ¡esa chica!” dicen al paso de cada corredor. Al llegar yo, una de esas voluntarias me dice “¡ese chico de Rivas!”. Sorprendidísimo, dejo de mirarme los pies, la miro, y la reconozco de la meta del MAM, donde cambié unas palabras con ella. Qué detalle el suyo al recordarme, y darme esos ánimos “personalizados” cuando más los necesitaba. GRACIAS, a ella y a todos los voluntarios, no hay más que esa palabra para agradecerles su trabajo y su esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Morcuera, por fin. 8 horas 17 minutos de carrera, casi 40 kilómetros. Ficho en el control y caigo rendido al suelo. Estoy derrotado. Es imposible que pueda seguir, no uno ni dos, sino ¡setenta! kilómetros más. GTP, has ganado. No he podido contigo... En estos alegres pensamientos estoy, cuando aparece un rostro que no esperaba ya ver hoy: Javi Locomotoro. Nos cuenta su odisea con el GPS de Gebre, que perdió en la Maliciosa, y tuvo que darse la vuelta y volver a subir para buscarlo (¡y lo encontró!), pero se dio tal calentón y perdió tanto tiempo, que desde entonces fue con los escobas hasta abandonar en la Ermita de San Blas, consciente de que no podría llegar a La Morcuera antes del cierre de control. Pero en lugar de irse a casa se ha venido hasta aquí a ver como estamos y a ofrecernos los macarrones con tomate que tenía preparados. Que tío más grande. Lo malo es que yo debo estar verdaderamente mal, porque apenas puedo comer nada. Veo como Jesús, Fran y Juan comen pasta, pero yo apenas la pruebo. Juan me dice: “Jorge, no hagas tonterías y come”. Obediente, lo hago a regañadientes, como mis hijas cuando “les duele la tripa”. Bebo, descanso, como. Y no sé si es la bendita agua, el bendito descanso, o los benditos macarrones de Locomotoro, pero vuelvo a la vida. Cuando echamos a andar de nuevo, lentos para asimilar la comida y la bebida, los pies rabian de dolor, pero por lo demás me encuentro mucho mejor. Me digo: “por lo menos hasta Rascafría, Jorge”. Este tramo se me hace más agradable. Cuesta abajo, física, mental y casi milagrosamente recuperado, vuelvo a disfrutar de estar aquí, de la hermosura del paisaje, del olor de los pinos, de la inmensidad de las montañas. Bueno, salvo cuando Jesús señala con la mano el lejano puerto del Reventón al que hay que subir, y toda la cuerda hasta Peñalara que habremos de recorrer. Ganas me dan de darme la vuelta hacia La Morcuera. Madre de Dios. Es mejor no pensarlo. Seguimos con buen ánimo, hasta trotamos a ratos, y llegamos a la zona de las Presillas, donde la gente que nos cruzamos nos mira como si fuéramos extraterrestres, salvo unos pocos que nos animan. Por fin, el control del Puente del Perdón en Rascafría. 10 horas 44 minutos de carrera, más de 50 kilómetros en las piernas. Aquí en el avituallamiento hay hasta minibocadillos de jamón y queso. Qué ricos. Los voluntarios se desviven una vez más con nosotros, ofrecen bebida, vaselina, réflex. Decido echar un vistazo a mis pies y cambiarme de calcetines. Madre mía. Tengo unas ampollas en los talones del tamaño de monedas de dos euros (o más). Las de los dedos da miedo verlas. Todo el pie está hinchado. Es un horror. Me pongo un par de Compeed sobre las ampollas, vaselina, calcetines limpios, me calzo las zapatillas y… los pies siguen rechinando de dolor. Lo sensato sería acabar. Pero, cagonlamar, me encuentro con fuerzas para seguir. Dudo un segundo al pensar en otros sesenta kilómetros con dolor de pies, pero decido que voy a continuar. Le dije a mi mujer que Rascafría sería el punto de decisión, así que la llamo y le digo que voy a seguir. El par de segundos de silencio al otro lado del teléfono son más expresivos que mil palabras. Sé que no le hace maldita la gracia que continúe, porque eso significa Peñalara y la noche. Pero me apoya, me anima, y me dice que tenga cuidado. Dicen que detrás de un gran hombre, hay una gran mujer. Pero a veces, algunos hombres grandes (1.85, no está mal) tenemos la suerte de tener no detrás, sino a nuestro lado, a una de esas grandes mujeres. Y doy gracias por ello. Otra vez me emociono, hay que ver qué chico, siempre con la lágrima preparada. Mando un mensaje por el móvil informando de que seguimos adelante. Recibo la respuesta de Juan Uros: “Ánimo y cabecita. Ya solo es restar. Cuidaros”. Y de mi amiga Elisa, que me anima pero también me dice “No te pases. No pierdas la cabeza”. Parece que mi cabeza tiene una bien ganada fama de no estar en sus cabales, pero me reconfortan los ánimos recibidos, siento muy cerca a todos los que han compartido conmigo (y soportado) estos meses con una idea fija en la mente, un sueño en el que estoy metido de pies a cabeza. Y acabo de pasar el punto de no retorno; ya no hay vuelta atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos ponemos en marcha de nuevo. Los pies duelen, ni más ni menos que antes, pero uno casi llega a acostumbrarse a esa horrible sensación de ir caminando sobre cristales rotos. Acostumbrados a nuestra vida ociosa y regalada, en la que apenas tenemos que girar un grifo para beber y alargar la mano para comer, hemos perdido la conciencia de nuestras propias capacidades de esfuerzo y sufrimiento. Como decía el anuncio de una bebida deportiva, “el ser humano es extraordinario”. Y bueno, yo extraordinario no soy, más bien normalito tirando a feo, pero veo que puedo soportar el dolor, y por primera vez en muchos kilómetros creo que voy a llegar lejos. No sé cuánto, pero pasar la noche encaramado a los riscos guarrameños no me lo quita nadie. Atravesamos el pueblo de Rascafría, lleno de ambiente deportivo… por el inminente partido de fútbol de España, jugándose con Paraguay el pase a semifinales del Mundial. Los atletas apenas atraemos alguna mirada curiosa, y si acaso alguna palabra de ánimo. Fútbol es fútbol. A la salida, unos paisanos nos preguntan que si vamos al Reventón. “¿Vais a pasar la noche allí?” Bueno, sí, pero no. Vamos a pasar la noche en la montaña, pero no a dormir. Caras de incredulidad. “¿Pero de dónde venís?” De Navacerrada. Caras de incredulidad al cuadrado. Miradas nerviosas. “¿Y a dónde vais?”. A Navacerrada otra vez, dando un pequeño rodeo por el Reventón, Claveles, Peñalara, La Granja, La Fuenfría… Caras de incredulidad al cubo, mirándose entre ellos preguntándose la magnitud de nuestro más que evidente daño cerebral. Yo creo que alguno se queda con las ganas de llamar a la Guardia Civil, o al siquiátrico. Pero nos vamos para arriba, subiendo como locos, locos por subir. Esta no es una ascensión difícil. Es larga, por una buena senda con pendiente constante, atravesando un precioso robledal. La tarde va cayendo; la menguante luz del Sol (que a pesar de las amenazas de tormenta no ha dejado de lucir) juguetea con las hojas de los árboles, y algún rayo travieso consigue a veces atravesar la bóveda vegetal, llenando el bosque de una luz mágica. A pesar de los dolores, los kilómetros y el esfuerzo, disfruto esta subida, este momento, esta maravilla de estar vivo (como mis doloridos pies se empeñan en recordarme) En la subida, asistimos a un ejemplo de selección natural que habría hecho las delicias de Darwin. Los más fuertes se van por delante (Jesús y Juan), y los elementos más débiles nos quedamos un poco por detrás. Durante un tiempo me empeño en cazar infructuosamente a los de delante, seguido por Fran. Al cabo de un rato, es Fran el que tira, seguido por mí, sin que haya forma de pillar a nuestras dos liebres. Pero arriba nos esperan. Cuando por fin coronamos el Reventón con las últimas luces del día (13 horas y 54 minutos de carrera, 61 kilómetros, son casi las diez de la noche), Jesús nos recibe a Fran y a mí con indesmayable ánimo, apretón de manos, palmada en la espalda. Si no fuera por mis compañeros, hace rato que habría abandonado. Estaría en casa, con los pies metidos en un barreño, tomando algo calentito, recibiendo los mimos y reproches cariñosos de mi Santa. Así que no sé si darles las gracias o una buena patada; al final me decanto por las gracias, porque con mis pies una patada me dolería más a mí que a ellos. Los voluntarios nos informan de que hay unos 7 kilómetros a Peñalara, y luego 9 a la Granja. Echamos las cuentas de la lechera, y decimos: “son las 10, en un par de horitas estamos en Peñalara, en otro par en la Granja, a las dos de la mañana; más de dos horas hasta el cierre de Control para descansar, y hasta echar una cabezadita.” Fíjate tú, que listos que somos. Pero la montaña se encargará de ponernos en nuestro sitio. Y lo hará de forma descarnada, feroz, salvaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TEoE_a53BSI/AAAAAAAAAM0/IdI_Fx4fR8A/s1600/DSC00899.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497211782759384354" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 268px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TEoE_a53BSI/AAAAAAAAAM0/IdI_Fx4fR8A/s400/DSC00899.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Paquetillos reventados, digo en El Reventón&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;La noche cae sobre nosotros, y con ella el termómetro se viene abajo. Nos ponemos manga larga, Juan que es muy friolero añade el cortavientos y un par de guantes, nos colocamos el frontal, y hale, echamos a andar, que tenemos una cita con Lara y no es de caballeros hacerla esperar. Cada vez que arranco a andar después de una parada, el dolor de los pies parece insoportable, pero al poco rato puedo seguir, tengo que seguir. Sobre los rescoldos del día, antes de que la oscuridad se adueñe del mundo, la silueta de Peñalara se recorta imponente. Por su ladera, se ve un rosario de lucecitas blancas y rojas: son los corredores que nos preceden, que ya han hecho cumbre y bajan por una pendiente que, de lejos, se antoja imposible. De cerca sería peor. A la luz de nuestros frontales, vamos recorriendo la cuerda hacia el risco de Claveles. Escuchamos el lejano rumor del goooooooool de España. Todo un país pegado al televisor, menos tres centenares de locos corredores y unos doscientos voluntarios no mucho más cuerdos. Sólo unas cuantas vacas silenciosas contemplan, más curiosas que asustadas, el paso de esas criaturas de dos patas con una luz en la cabeza. Hay otra luz que anida en sus esforzados corazones, el deseo de llegar más lejos, más alto. Es noche cerrada cuando llegamos al bosque de piedras del Risco de Claveles. Los corredores nos agrupamos, buscamos a la luz de los frontales las marcas que balizan el camino, a veces bien visibles, a veces no tanto. Trepamos por la roca descarnada con paso inseguro, lento, vacilante, avanzando trabajosamente. Un par de vistosas salamandras negras y amarillas nos salen al encuentro, una vez más me acuerdo de Gebre y de su hijo, en su incansable búsqueda en Gredos de un bichejo semejante a éste, ahora desconcertado al verse en la mano de Juan, enfocado por media docena de focos luminosos que apenas dejan ver tras ellos unos rostros afilados, de ojeras hundidas, con el cansancio esculpido en sus caras. Mientras trepo por los pedruscos, a veces vuelvo la mirada hacia fuera de la ruta. La luz del frontal se pierde en un abismo de negrura espantosa, que no parece tener fin; siento en la nuca un miedo primigenio, ancestral. Pero lo deshecho y me concentro en seguir subiendo. Una vez más, Juan y Jesús se van por delante, yo me quedo atrás con Fran. Las piedras no parecen acabarse nunca, las piernas cansadas trastabillan más de una vez en sus precarios apoyos sobre rocas aparentemente firmes que, a veces, se mueven bajo nuestros pies con siniestro chirrido, rompiendo el negro silencio que nos envuelve. Un voluntario anuncia el fin del calvario “doscientos metros y se acaban las piedras”. Los doscientos metros parecen dos mil, pero por fin llegamos al control de Peñalara. 16 horas y 38 minutos de carrera, casi 70 km. en las piernas. Una vez más nos reagrupamos, constatamos que el “par de horas” hasta Peñalara han sido realmente 2:44, y seguimos adelante. Hemos ascendido mil trescientos metros desde Rascafría, y ahora hay que bajar mil doscientos hasta la Granja. Se han propuesto rompernos las piernas y lo van a conseguir. El principio de la bajada es por una pedrera infernal, de fuerte pendiente. Jesús y Juan vuelven a ganar unos metros. Fran lo está pasando mal, y yo no estoy mucho mejor, así que nos quedamos por detrás. Pronto les perdemos de vista, igual que a un grupito que nos adelanta en la bajada. Estamos solos los dos. Fran me dice que me vaya por delante, que él ya verá como baja, que si me quedo con él no llegaremos. ¿Pero a dónde voy a ir yo, si no puedo con mi alma? ¿Y cómo le voy a dejar sólo, de noche, en mitad de esta maldita montaña? Le animo como puedo, le digo que tenemos tiempo, que vamos a llegar en tiempo, que lo vamos a hacer juntos. Me pongo en cabeza para hacer la bajada, por un sendero apenas intuido con una pendiente tremenda. Las piernas sufren para sujetarme en la pendiente, los pies duelen aún más que subiendo, y como miro hacia delante buscando la siguiente marca en la oscuridad, no veo donde piso, lo que me cuesta pegarme un par de morrones espectaculares, ante la horrorizada mirada de Fran. Pero fuera de alguna magulladura, no hay daños. Sí que empiezo a notar un dolor nuevo que se añade a mi ya extenso catálogo de molestias: la rodilla derecha se está cargando en la bajada, y con un sordo runrún mi sufrida articulación hace notar su presencia. Por fin, terminamos la bajada. Ha sido horrible. Pero estamos enteros y vivos, dolorosa e intensamente vivos, respirando con ansia el frío aire de esta noche inolvidable. Cruzamos algunos arroyos, bebemos de su agua cantarina y nos refrescamos, y cogemos una senda a través del bosque que habrá de llevarnos a la Granja. Sigo en cabeza, ponemos un ritmo de marcha bastante aceptable, tanto que a lo largo de los interminables kilómetros bajo las estrellas y los pinos, empezamos a alcanzar y superar a unos cuantos corredores de los que nos precedían. Saludamos a todos, muchos devuelven el saludo, algunos ya no tienen fuerzas ni para saludar, caminan como espectros en medio de la noche. De nuevo, el camino se hace eterno. Escucho ecos lejanos de música, La Granja tiene que estar ahí, pero parece que no llegaremos nunca. Pero llegamos. Son más de las tres y media de la mañana (y pensábamos llegar a las dos…) Muy justos, pero en tiempo; estamos seguros de que Jesús y Juan se habrán ido ya, es imposible que apuren tanto para esperarnos poniendo en peligro continuar en carrera. Pero cuando entramos en las calles del pueblo, Fran recibe una llamada en el móvil: es Jesús, que quiere saber cuánto nos falta para llegar, porque nos están esperando. Hace más de media hora que llegaron, pero no se irán sin nosotros. Me siento agradecido, emocionado… Siempre he sabido que sólo no podría hacer esto. Ahora sé que, con ellos, haré esto y lo que me pongan por delante. Llegamos por fin al control de La Granja, Jesús sale a nuestro encuentro con una inmensa sonrisa, solo eclipsada por el enorme bocadillo que sostiene en sus manos, me ofrece un mordisco y yo, por no hacerle un feo y porque me muero de hambre, acepto encantado. Llevamos 19 horas y 38 minutos de carrera. Oficialmente, unos 78 kilómetros, aunque el GPS de Fran canta una realidad bien distinta: 84 kilómetros, 6 más de los anunciados. ¿Queríais GTP?: tomad taza y media.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hablando de tazas, llevamos todo el camino pensando en el prometido caldito caliente que nos van a dar aquí. De entrada, Jesús nos dice que se ha terminado, y nos llevamos un chasco considerable. Pero luego aparece un voluntario con un puchero más de caldo, y me sirve un generoso vaso. Después de un día entero comiendo y bebiendo porquerías, el líquido caliente que baja por mi garganta me parece néctar divino, pura vida que caldea mi cansado corazón y mi entumecido cuerpo. Una vez más, gracias infinitas al artífice de este regalo, el dueño de un restaurante de La Granja. Mientras bebo el caldo y picoteo en el avituallamiento, miro a mi alrededor. Veo a Juan intentando dormitar sobre dos sillas, sentado con las piernas estiradas. Paseo la mirada por el resto del Control, y parece un Hospital de campaña en algún frente de batalla. Corredores abatidos, desplomados en las sillas, alguno tapado con la manta térmica, de rostros desencajados y mirada perdida, esperan el autobús que ponga punto final a su aventura. Los voluntarios nos informan de que sólo seguimos en carrera doscientos y pico corredores. Hay ya más de doscientos abandonos, lo que da idea de la terrible dureza de la prueba. Nos enteramos de que entre los caídos están Bandoneón (en Rascafría) y Guille (en el Reventón, obligado a retirarse por problemas estomacales). Pero nosotros estamos aquí. Nos quedan algo más de 30 kilómetros, un abismo, pero vamos a ir a por ellos. Fran intenta que nos vayamos los tres por delante y le dejemos a él a su ritmo, pero le convencemos a duras penas de que ha superado el mal momento de Peñalara y ha hecho el tramo a buen paso, adelantando gente, llegando en tiempo, y podemos seguir juntos. Nos ponemos en pie. Vamos a continuar. Nos despedimos de los siempre admirables voluntarios, y empezamos a andar. Mis primeros pasos, como siempre, son puro dolor. Pero se une algo nuevo. La maltrecha rodilla derecha, que tanto ha sufrido en la bajada de Peñalara, se ha enfriado, y ahora duele como el infierno. El dolor baja por la pierna hasta el talón. Mecagontodoloquesemenea. No les digo nada a mis compañeros, bastante tiene cada uno con lo suyo, y me digo que en cuanto se caliente, dejará de doler. No es así, pero el dolor entra, como el de los pies, en la categoría, cada vez más amplia, de &lt;em&gt;soportable&lt;/em&gt;. Atravesamos el animado pueblo de La Granja, lleno de gente disfrutando de la noche veraniega en bares y terrazas, que nos saludan y hacen inciertas invitaciones a tomar una copa (por la hora, muchos de ellos están en plena exaltación de la amistad). Un grupo de chicas, con la vista evidentemente nublada por el alcohol, expresan en alta voz el deseo de que nuestros cansados traseros no pasen hambre. Lo mejor es cuando un lugareño se ofrece a llevarnos en coche hasta la Boca del Asno “y así os ahorráis unos kilómetros”. Por decencia deportiva y porque el aliento del presunto conductor delata un estado de ebriedad que desaconseja que se ponga al volante de un coche, declinamos el ofrecimiento. Y por fin dejamos atrás el ruido y las luces del pueblo, internándonos en los inmensos y oscuros bosques de Valsaín, siguiendo el curso del Eresma por las Pesquerías Reales. Aún es noche cerrada. El camino es fácil, llano y monótono en la oscuridad. Quizá eso hace que el cansancio, el sueño, hasta ahora agazapado en un rincón, salga de su escondrijo y empiece a posar su pesado manto sobre nosotros. Empezamos a dormirnos de pie. Caminamos dando tumbos, haciendo eses, tropezando. Juan intenta animarnos con canciones, con juegos, algo que mantenga nuestra mente despierta. Pero no encuentra mucha colaboración por nuestra parte. Finalmente, cerca de la Boca del Asno, Fran dice que no puede dar un paso más. Que necesita descansar. Todos lo necesitamos. Apagamos los frontales, nos sentamos en el suelo, y la oscuridad del bosque nos cubre como una manta, mientras nuestros párpados se desploman, y mi cabeza vuela hacia atrás, al momento en que empezó todo esto, hace apenas unas horas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato ¿cuántos minutos han pasado? ¿quince, veinte? Jesús levanta la cabeza. "Son las seis. Hay que seguir". Nos ponemos trabajosamente en pie, encendemos los frontales, y vamos al encuentro de Fran, que no da crédito a nuestra aparición. Pensaba que nos habíamos ido. Y nos dice que no le esperemos, que no puede más, que va a abandonar. Tratamos de convencerle, pero no hay forma. Su decisión es firme. Y nos ruega que nos vayamos. Nos resistimos a ello, después de tantas horas, tantos kilómetros, tanto vivido juntos... Pero finalmente, nos despedimos, estrechándonos las manos con un poso de tristeza, y nos vamos dejándole allí. Creí que los cuatro aguantaríamos hasta el final, es un mazazo que no esperaba. Y mi rodilla, fría otra vez, vuelve a unirse al discorde concierto &lt;em&gt;andante doloroso&lt;/em&gt; que ofrecen mis pies. Las primeras luces del alba empiezan a rasgar el velo de sombras que nos envuelve. La noche, la temida noche, ha terminado, y caminar por este bosque al amanecer es un regalo de vida. Al fin llegamos al control de la casa de la Pesca. 23 horas y un minuto de carrera, noventa y pico kilómetros en las piernas. Quedan 22 a meta, una media maratón. Aún. Los voluntarios se desviven con nosotros, nos ayudan a rellenar el agua, incluso a abrir una lata de Nestea... Nos despedimos de ellos, y encaramos el siguiente tramo, que nos llevará al puerto de la Fuenfría, la última gran montaña de este viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesamos la hermosa inmensidad de estos pinares que se antojan infinitos, bañados por la primera luz de la mañana, y aunque vamos ganando kilómetros, no subimos ni un metro. ¿Dónde está la subida al puerto de la Fuenfría? Pronto recibimos la respuesta. La subida al puerto es un arrastradero de troncos. Un ¿camino? de pendiente imposible, el penúltimo regalo del GTP a nuestras castigadas piernas. Juan, siempre optimista, nos dice que subiendo a este ritmo, el puerto acabará pronto; no sé que acabará antes, si el puerto o mis menguadas fuerzas. Pero voy paso a paso, ahora un pie, ahora el otro, clavo los bastones, tiro para arriba, aprieto los dientes, otro paso adelante, los pies me están matando, miro hacia la cuesta, ahí sigue la muy cabrona, otro paso más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al fin oímos las voces y los ánimos de unos voluntarios. Es el final del puerto, 24 horas y 15 minutos de carrera. "Venga que ya lo tenéis" nos dicen. Es verdad. Ya lo tenemos, pienso. Aún quedan unos cuantos kilómetros, pero &lt;em&gt;ya lo tenemos&lt;/em&gt;. No se nos va a escapar. Nos despedimos de los sonrientes voluntarios, y encaramos el penúltimo tramo, que nos llevará por el Camino Schmidt hacia el Puerto de Navacerrada. Nos cruzamos por aquí con algunos corredores entrenando, da gusto verles correr y saltar entre las piedras, y de todos ellos recibimos palabras de ánimo, de reconocimiento. Jesús recuerda de golpe que lleva en la mochila unos cruasanes rellenos de chocolate. Juan dice de comerlos en el puerto de Navacerrada. Jesús duda. Yo, naturalmente, voto por comérnoslos ahora mismo. Se impone mi sesudo y meditado criterio, y damos buena cuenta de la denostada bollería industrial. Todo suma, como decimos los paquetes. Juan (incansable) dice que le apetece trotar para soltar las piernas (!!!) Yo para soltar las piernas tendría que tirarme al suelo y hacer sonar el silbato, para que vinieran a buscarme los de Rescate en Montaña con una camilla, pero en fin... El caso es que Juan se va, trotando alegremente, como si no llevara cien kilómetros a las espaldas. No puedo dejar de pensar que, si quisiera, él podría haber llegado a meta en 20 horas o menos, pero ha preferido ir con nosotros, cosa que nunca le agradeceré bastante. Sus ánimos, su fuerza y su optimismo tiraron de nosotros y nos hicieron sacar de donde ya no había nada. Mientras le vemos marchar, Jesús y yo, menos expansivos en nuestras demostraciones de fuerza (traducción: apenas podemos levantar los pies), seguimos caminando a nuestro ritmo, mientras el sol empieza a calentar el bosque, y el olor a pino, a jara y a tomillo nos envuelve. A pesar del cansancio, disfrutamos la mañana, el camino, la charla y la cada vez más fuerte convicción de que lo vamos a conseguir. Llegamos al Puerto de Navacerrada, nuevo ruidoso y alegre recibimiento por parte de los voluntarios de turno (siempre con una enorme sonrisa en la boca), nos informan de que tenemos que bajar hasta el chalet para avituallarnos, y luego volver a subir. Pues vale, a estas alturas no nos vamos a poner con remilgos... Así que llegamos al chalet, 25 horas y 42 minutos de carrera, y más de 100 kilómetros en nuestros pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí nos espera Juan, que hace un rato que ha llegado, y una auténtica comilona: jamón, queso, caldo... y una vez más, la sonrisa y la admiración de los voluntarios es uno de los mejores avituallamientos que podemos recibir. Nos informan de que, entre unas cosas y otras, nos vamos a hacer casi 120 kilómetros, en lugar de los 110 prometidos. Ya todo me da igual. Si me pidieran hacer 130, creo que también los haría. Porque mientras comemos y bebemos, no podemos quitarnos la sonrisa de la cara, la sonrisa de saber que lo estamos consiguiendo, lo tenemos en la mano, estamos tocando el sueño con la punta de los dedos, y solo queda agarrarlo fuerte y que no se escape. Llamo a Belén, mi mujer, y le digo que lo vamos a conseguir. Que la quiero. Y que me espere, que en algo más de un par de horas estaré en Navacerrada. Salimos del chalet, empezamos a subir de nuevo al puerto para empezar el último tramo y vemos a otro corredor que ahora baja hacia el chalet. Me fijo en su cansada figura, en su dorsal, el 313, y me digo: mira, acaba en 13, como el mío y el de Fran... ¡Coño! ¡PERO SI ES FRAN! Mi cabeza está tan embotada, que en un primer momento creo que ha abandonado, como nos dijo, y ha venido aquí sólo para vernos. Nada de eso. Este cabezón, terco, indestructible y admirable mamonazo &lt;em&gt;ha seguido solo&lt;/em&gt;. Se ha chupado en solitario la horrible subida de la Fuenfría, y los 6 kilómetros hasta el puerto de Navacerrada y aquí está, dispuesto a terminar. La alegría es enorme, como corresponde, pero aunque le decimos que le esperamos, dice que no, que prefiere seguir a su ritmo, que es lo que le va bien. Nos convence, y nos vamos, pero con la felicidad de saber que está ahí, detrás nuestro, y que va a acabar el GTP.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y empieza el último tramo. El que nos llevará a meta. Por fin. Recorremos la senda de las Cabrillas, última subida de la carrera. En seguida, una pronunciada bajada hacia la Barranca, donde mis pies aúllan de dolor. Creo que el eco de sus gritos retumba por todo el valle. Nos encontramos con corredores entrenando, con ciclistas, con excursionistas, con un retén de bomberos que nos avisa de que nos estamos confundiendo de camino... con todos cruzamos saludos y sonrisas, lo vamos a conseguir. Veo a mis pies todo el valle, hermosura, verdor y piedra, calentado por el radiante Sol de este día de julio. Frente a mí, La Maliciosa, apenas ayer empezaba allí esta aventura... y tan sólo dentro de unos kilómetros, estará terminada. Terminamos de bajar, sobrepasamos La Barranca y tomamos la senda de tierra que nos devolverá a Navacerrada, Jesús empieza a recibir llamadas, de Coral, de Jordan... a todos contesta exultante: "¡Estamos llegando!" Entonces a Juan se le ocurre decir: "venga, lo estáis deseando, ¿porqué no corremos?" Jesús y yo nos miramos, compartiendo la impresión de que finalmente la dureza de la prueba le está pasando factura y el pobre muchacho ya no está en sus cabales. Pero no, va en serio, insiste, y no sé cómo, pero nos vemos corriendo. Troto lento, torpe como un pingüino fuera del agua, pero como dijo Juan, los pies no duelen más que andando, y vamos más deprisa. Mientras trotamos, vemos a lo lejos a un corredor que viene subiendo por el camino, en sentido contrario al nuestro. Sólo cuando esta cerca, reconocemos en él a Luis Ibki, nuestro Ironman. Yo no sé si nos alegramos más nosotros de verlo a él, que él de vernos a nosotros, nunca olvidaré su cara de genuina alegría al encontrarnos. Va al encuentro de Fran "para traerlo a rastras si hace falta". Grande Luis. Seguimos trotando, adelantando a unos cuantos corredores, llegamos a la rotonda de acceso al pueblo, y entramos en las calles de Navacerrada. El pueblo bulle de actividad, la gente abarrota las terrazas de esta soleada mañana de domingo, pasea por las calles, curiosea por una exposición de coches de época... y mira con extrañeza a estos tres tipos estrafalariamente vestidos, cargados con mochilas, alguno con bastones, y con un dorsal al pecho, que cruzan por entre ellos trotando despacito, sonrientes pero con cara de cansancio, como si necesitaran echar un sueño. No saben que el Sueño lo estamos viviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5498494264969160466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TE6TZtcCZxI/AAAAAAAAAM8/TjcuLQgnr_g/s400/GTP-Meta+1.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Ya llegamos, ya llegamos...(foto cortesía de mi hija Laura)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Nos encontramos con Iván Cabesc y su familia. Una sonrisa enorme pintada en su cara. Como la que le devolvemos nosotros. Le saludamos brevemente, le preguntamos por su carrera (24 horas, sensacional), y nos vamos, es que tenemos prisa por llegar, nos están esperando. Qué largo y que grande se nos hace el pueblito de Navacerrada. El polideportivo, allí está, vamos derechos hacia él, tanto que confundimos el camino, unos voluntarios nos llaman a gritos, damos la vuelta muertos de risa, bajamos hacia la entrada a los campos de fútbol, de allí salimos hace ya 28 horas. En la puerta, un inesperado regalo. Mi mujer y mis hijas han llegado a tiempo, y allí están saltando y aplaudiéndonos. Me voy hacia ellas, las abrazo y las beso, yo podría quedarme aquí ya, porque he llegado a mi meta, pero faltan doscientos metros, los últimos doscientos metros, así que me uno a Juan y a Jesús y entramos en el polideportivo a recorrerlos. Allí está la línea de meta. No sé si reir o llorar. Creo que hago las dos cosas, pero se impone la alegría, una alegría enorme, inmensa, ya no me duele nada porque mi cuerpo es pura emoción y pura felicidad, lo hemos conseguido, no puedo creerlo, LO HEMOS CONSEGUIDO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TE6UMkqIeDI/AAAAAAAAANE/AxwTF4isK9o/s1600/GTP-Meta+4.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5498495138785687602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 280px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TE6UMkqIeDI/AAAAAAAAANE/AxwTF4isK9o/s400/GTP-Meta+4.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ponen la medalla, paso el chip por el control por última vez, 28 horas y 3 minutos. Me abrazo otra vez a mi mujer, y entonces sí que lloro. Hace un instante me sentía fuerte e invencible, y ahora no soy más que un chico que se abraza a su chica, y llora como un niño. Alegre, dolorido y emocionado, me seco las lágrimas, y me río, y el corazón se me quiere salir del pecho; apenas puedo caminar sobre mis destrozados pies, y pienso en todos los paquetes, los que se pusieron en la salida, los que no pudieron hacerlo, los que quedaron por el camino, todos los que soñamos un día con hacer esto, y me digo que valió la pena soñar con vivir esta aventura, y aventurarnos a vivir este sueño.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Vale la pena soñar.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-3453294053775649332?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/3453294053775649332/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/07/veintiocho-horas_27.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/3453294053775649332'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/3453294053775649332'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/07/veintiocho-horas_27.html' title='Veintiocho horas'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/TEn25GdOT3I/AAAAAAAAAMk/pYfAfcqBqEM/s72-c/P1090655.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-6649495941115786926</id><published>2010-06-17T18:16:00.004+02:00</published><updated>2010-06-18T13:15:09.689+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Montaña'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='MAM'/><title type='text'>Si las montañas hablaran...</title><content type='html'>Mi nombre no importa. Soy vieja, más vieja que los mismos nombres, tan vieja como el mundo. Vosotros, los hombres, me llamáis de diversas maneras: Las Guarramillas, La Bola del Mundo... Vosotros que pasáis sobre mí, y apenas dejáis unas huellas, que pronto borrará la lluvia o el viento; vuestro paso es tan breve, que apenas llegáis ya os estáis marchando. Ay, hombres, que decís que me amáis, y huís de mi lado. Es tan corto vuestro amor, como largo mi olvido… Pero a veces, unos pocos de vosotros consiguen evitar ese olvido. Os voy a contar su historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue uno de esos días del final de la primavera, cuando se acerca el día más largo del año, en que los hombres organizan una de sus acostumbradas locuras. Unos cientos de ellos, los más fuertes, los más arrojados, o los más locos, creen que pueden desafiarnos a nosotras, las montañas. A mí, a mis hermanas mayores - la orgullosa Lara y la terca e inflexible Cabezas de Hierro - y a mi primo Valdemartín, que se da muchos aires de grandeza, pero apenas levanta unos pocos metros por encima de mí. Corren, saltan, caminan, se arrastran, jadean, sufren, y creen vencernos. Ilusos soñadores. Pero me caen bien. Miden nuestra grandeza con sus pequeños pies, y por eso nos respetan. Respiran el mismo frío aire que nosotras, soportan el mismo Sol, les castiga el mismo viento, les empapa la misma lluvia. Sus corazones palpitan al ritmo que les marcan las pendientes de nuestras laderas, su voluntad parece hecha de la misma piedra que nos forma, sus sueños son tal altos como nuestras cimas, y para ellos hay algo más valioso que respirar: vivir un instante que les deje sin aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las criaturas del bosque, los espíritus del viento y de las aguas, los duendes de las montañas, todos estaban alerta. Pronto, un corzo vio a los corredores internarse decididos en el bosque encantado que se extiende en derredor nuestro, y raudo y veloz partió a traer la noticia. Los pinos, tocando suavemente sus ramas con las de sus inmóviles compañeros, fueron pasando la voz: “¡Ahí llegan!” Sudorosos, esforzados, sonrientes. Y aún no habían empezado. Sentí sobre mí las cosquillas de sus cientos de pies golpeando la roca, saltando arroyos, pisando charcos, trepando por mi ladera descarnada. Pronto llegaron los primeros. Rápidos, fuertes, su visión fue tan fugaz como un relámpago. Apenas me fije en ellos, no tuve tiempo. La niebla me envolvía, como tantas otras veces, y los corredores pasaban como fantasmas. Pronto, más pausados, más lentos, pero no menos esforzados, empezaron a llegar los últimos corredores. Como ellos me daban más tiempo a fijar la atención de mis cansados ojos, observé a cuatro de ellos. Se animaban unos a otros, se esperaban, subían por mi ladera resoplando y sonriendo a partes iguales. Me gusta la sonrisa de los hombres, así que me fijé más en ellos. Se llamaban entre ellos &lt;strong&gt;Darth&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Loco&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Zero&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;Pardi&lt;/strong&gt;. Sus caras me eran familiares. Llegaron hasta lo alto, a mi misma cima, y pronto se marcharon, bajando por la llamada Loma del Noruego, derechos a encontrarse con la mayor de mis hermanas, Lara. El llamado Loco parecía sufrir más que los otros, como si algo le causara dolor, y se descolgaba del grupo. Pero pronto se juntaban de nuevo, y seguían. Soy curiosa, no puedo evitarlo, así que les seguí con la mirada hasta que se ocultaron a mi vista. Luego, le pedí al viento que me mantuviera informada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto escuché su susurro en mi oído: “los cuatro han llegado a Cotos, se han encontrado con amigos, se han abrazado, han charlado, han reído, y han seguido adelante, están subiendo por Cítores a Peñalara. Siguen juntos”. Decidí hablar con mi hermana, tuve que subir un poco la voz (está un poco sorda, la edad no perdona), aunque no me oísteis ; los hombres hace tiempo que olvidasteis como escuchar la voz de las montañas. “Lara, Lara, despierta, dormilona” “¿Qué? ¿Quién llama? ¿Eres tú, Guarra?” “Bien sabes que no me gusta que me llames así. Prefiero Bolilla. Hoy no te quejarás, tienes muchas visitas” “Ya lo creo, no hace más que subir y bajar gente. Y eso que hoy no tenía ganas de despertar; enjuagué mis ojos con un poco de viento, tomé un sorbito de lluvia, y me arropé entre las nubes para seguir durmiendo. Pero no hay forma” “Lara, escucha. Entre todos los que hoy te visitan fíjate en cuatro: a la cabeza van dos, uno es fuerte como los robles de Navacerrada, y lleva un curioso pañuelo en la cabeza con dibujos de gatitos; el otro es alto y barbado, silencioso y estirado como un pino de Valsaín. Después van otros dos, uno de ojos soñadores, alegre y saltarín como un arroyo de montaña, y el otro… el otro parece duro como las rocas que pisa, pero hay algo que le martiriza.” “Si, Bolilla, los veo. Los dos primeros ya están aquí. Están escuchando como otro de los corredores, que lleva un curioso sombrero, toca la flauta entre las brumas que me cubren. Sus ojos ríen, y la música nos embriaga a todos. ¡Se oye tan poco por aquí! Ya llegan los otros dos: se juntan, abrazan mi cumbre, se sientan a tomar algo. Pero ya se van. Y escucha, miraban ansiosamente entre la niebla sin ver nada, buscando ver a nuestra hermana Cabezas. Dicen que van hacia allí.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locos. Con tanta montaña en sus piernas, y aún pensaban en subir a visitar a mi otra hermana, malhumorada y hosca como pocas, y más en un día como este. Dudaba de que lo consiguieran, y no era la única, un duende escuchó a uno de los corredores escoba que cerraban la carrera decir que se dieran prisa, que iban muy justos. El duende se lo contó a una gota de lluvia, y esta voló en alas del viento para decírmelo al oído. ¡Ay! Tanta niebla no es buena para mis ojos, no veía nada. Por fin, a través de un claro, pude verles otra vez en Cotos. Algo pasaba. En sus rostros, cansancio y preocupación. Uno de ellos, el llamado Loco, estaba sobre una camilla. ¿Sería el fin para él? No, pronto se puso de nuevo en pie. No me equivoqué; duro como una roca. Al rato, se despidieron de sus amigos con emoción y agradecimiento, y se fueron. Ningún obstáculo que se pusiera por delante de ellos parecía capaz de detenerles, pero por detrás… el tiempo, el tiempo que vuelve locos a los hombres era su mayor amenaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Cabeza, Cabecilla, Cabezota. Respóndeme. Soy Bolilla” “¡Qué quieres! ¡No tengo suficiente con todas estas hormigas correteando sobre mí, para que vengas tú a molestarme ahora!” “Cabezota, no seas gruñona. Dame noticias de cuatro corredores. Van al final, empeñados en ir juntos, esperando a uno de ellos que sufre.” “Los veo, Bolilla. Suben por los Tubos. Despacio, jadeantes, sudorosos. Qué distintos de los primeros que pasaron. Pero los ojos les brillan igual, iluminados por la misma llama. Tres de ellos han llegado al collado que hay antes de mi cima. Están rotos, destrozados, bebiendo agua, buscando recuperar unas fuerzas que ya no tienen. ¡Así aprenderéis!” “¿Y el cuarto, Cabezota?” “El cuarto… el cuarto sigue subiendo. Se le ve sufrir, pero sigue adelante. Más se empina mi ladera, más se empeña en superarla. Este es de los míos, cabezón y obstinado. Sus compañeros le jalean, le gritan, le dicen &lt;em&gt;eres el gordo cabrón con más cojones&lt;/em&gt;… Ya sabes cómo son los hombres, si algo les emociona recurren a los gritos y las palabrotas. Ya llegó. Respiran, miran el reloj, echan cuentas, y para acá vienen. Aquí están, vaya cuatro. Se van hacia el primo Valde.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Valde, Valde, deja de soñar con nieves y ventiscas, que ya llega el verano. Por la cuerda van hacia ti cuatro hombres; dame noticias de ellos” “Bolilla, los veo. Uno alto y otro con un bonito pañuelo en la cabeza van al frente. Están cansados, pero aún fuertes, decididos a seguir adelante. Atrás hay otros dos, uno parece pasarlo muy mal. Creo que se parará en cualquier momento. ¿Se para? No, sigue, el otro le anima. Ya llegan los dos primeros a lo más alto, se paran y miran hacia atrás. El que anima va hacia los dos primeros: hablan, dudan, al final se separan. Los dos fuertes se van hacia ti. El otro se queda con el que sufre.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hasta mí llegaron, tantas horas después de pasar por primera vez, sus rostros cambiados, sus fuerzas menguadas, sus ilusiones intactas. El pino de Valsaín y el roble de Navacerrada bajaron por mi ladera trotando, buscando una meta cada vez más cercana. Les vi pasar por el puerto, y volver a sumergirse en el bosque encantado que les llevaría a Cercedilla. El arroyo de montaña y La Roca llegaron más tarde, más despacio. Al llegar abajo, los agotados músculos del sufriente volvieron a castigarle, una vez más. Pensé que esta vez sería el fin. Los voluntarios les ofrecieron bajar en coche, ya no podrían llegar en tiempo, lo sensato era terminar de sufrir. Pero no. Decidieron seguir. Les vi encaminarse hacia el bosque. Mis gastadas laderas han visto ya tantas cosas, que casi nada conmueve mi corazón de piedra. Pero esta vez, algo se estremeció dentro de mí. Y lloré. Y ya sabéis lo escandalosas que somos las montañas al llorar; pareció que el cielo se desplomaba sobre sus cabezas. Cuando pude enjugar mis lágrimas, apenas pude ver llegar a la meta al primero de ellos, el Pino, agotado, pero sonriente y feliz. Después, el Roble, cansado pero contento y orgulloso. Y después, el Arroyo y la Roca. Tarde. Pero recibidos con aplausos, con cariño, con admiración. Todos ellos se habían convertido en lo que ellos llaman Supervivientes, corredores de montaña; ya nunca podrán mirarnos a lo lejos sin sentir estremecerse todo su cuerpo, soñando con estar aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo sé que lo que ha pasado es que se han enamorado de nosotras. Por eso sé que volverán.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-6649495941115786926?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/6649495941115786926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/06/si-las-montanas-hablaran.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/6649495941115786926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/6649495941115786926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/06/si-las-montanas-hablaran.html' title='Si las montañas hablaran...'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-1454339287953664496</id><published>2010-05-28T12:00:00.004+02:00</published><updated>2010-05-28T14:24:50.865+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><title type='text'>Vuelo nocturno</title><content type='html'>Llego a casa cerca de las nueve, tras una intensa tarde de &lt;em&gt;Extreme Shopping&lt;/em&gt; (Yoku dixit) Después de dar el parte de novedades a mi santa, besuqueos a las niñas, y tal, me percato de que hoy toca correr. Me debato entre salir a cubrir el expediente con una faena de aliño (una horita de trote suave), o hacer algo más. Me viene un mal pensamiento (no es la primera vez que me visita): aprovechar la tardía hora para hacerme unos cortados nocturnos con el frontal. Mi cuerpo protesta, porque se huele que al final voy a hacer el cafre (soy un &lt;em&gt;ansia viva&lt;/em&gt;), y efectivamente a las 21:21 estoy en la calle con las Trabucco, llevando un cinturón con bidón y el &lt;em&gt;Ojo de Mordor&lt;/em&gt; acoplado a él. Todavía hay luz diurna (el sol se pone a las 21:35), de momento troto tranquilamente hacia el pueblo por las calles de Rivas. Cuatro kilómetros después, el pueblo se me ha acabado. Comienzo el primer tramo de los Cortados, cuesta arriba, las sombras van poco a poco robando su luz al día, pero se ve lo suficiente como para correr sin tropiezos. A mi derecha, hacia Cuenca, resplandores de lejanos relámpagos iluminan nubes negrísimas. Frente a mí, hacia Alcalá, ídem de ídem. A la izquierda, también hay un resplandor, el de Madrid, y elevándose sobre la luz de la ciudad se destacan cuatro negras siluetas. Las torres de Mordor, guardianas de la puerta que me llevará hacia las Montañas del Destino, que apenas se intuyen bajo nubes aún sonrojadas por la última mirada del Sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llego a lo alto de los Cortados son las 22:06. Ya está bastante oscuro, el camino empieza a vislumbrarse más que verse, así que me paro, echo un buchito de agua, y me coloco &lt;em&gt;El Ojo&lt;/em&gt;. Ajusto la anchura del haz luminoso, su intensidad, y a correr. Al principio con muchas precauciones, aunque pronto me acostumbro a centrar mis ojos en el círculo luminoso que me precede e ilumina el camino. A los lados, la luz hace que las plantas proyecten sombras fantásticas. Frente a mí, cada dos por tres unos ojos relucen con fosforescencia siniestra, pero al acercarme veo que los portadores de tan inquietantes ojos no son diabólicas criaturas de la noche, sino conejos, ratones, murciélagos y pequeñas rapaces nocturnas. Y es que la noche bulle de vida. Además de los mencionados, cruzan frente a mi miríadas de pequeños insectos: mariposillas, mosquitos, luciérnagas… en el suelo, el haz luminoso alumbra de tanto en cuanto autopistas de hacendosas hormigas, y alrededor mío, la noche me devuelve mil y un sonidos de animalillos ocultándose en la maleza. Pienso que me alegro de que, ahora mismo, el animal más peligroso que pulula en la soledad de esta noche sea yo; la presencia de algún tigre de dientes de sable u otro superdepredador de tiempos pretéritos le añadiría un puntito de emoción a esta salida nocturna, pero por hoy me basta con no esmorrarme contra el suelo. Y es que, distraído en la contemplación de la fauna de la noche, he pegado un tropezón en una piedra que a poco termina con mis huesos en tierra. No hay que perder la concentración un solo instante, pero es difícil no sucumbir al inquietante encanto de las sombras. Ruidos de pisadas que parecen seguir las mías me hacen volver la cabeza, sin ver más que el solitario camino que he dejado atrás, mientras por encima las desgarradas nubes apenas dejan entrever el resplandor de la luna. Frente a mí, conejillos de ojos iridiscentes brincan a esconderse, mientras contra el cristal de mis gafas, atraídos por la luz, chocan pequeños insectos. Me alegro de haber traído las gafas de correr con los cristales blancos, en esta época del año lo hago siempre para preservar mis ojos en la medida de lo posible del polen, pero hoy se me revelan imprescindibles para evitar visitas no deseadas a mis globos oculares. Dejo atrás la zona más abierta de los cortados, batida por un suave viento nocturno, y me adentro en el pinar. La noche es cada vez más cerrada y la oscuridad más intensa, pero el &lt;em&gt;Ojo&lt;/em&gt; ilumina con fuerza. A veces giro la cabeza hacia los pinos de los lados; el haz de luz ilumina las primeras filas de árboles, pero poco más allá sólo impera la negra oscuridad del bosque, apenas arañada por mi luminosa presencia. Un mosquito especialmente pertinaz juguetea en mi nariz, paso la mano frente a mi cara para espantarlo y el reflejo de la luz en mi blanca y lechosa mano me deslumbra momentáneamente; impresiona la intensidad del poder del &lt;em&gt;Ojo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, tras un repecho, veo las primeras casas que marcan el fin de los Cortados. Una sensación agridulce me embarga: por un lado me alegro de llegar, ya que la hora empieza a ser muy avanzada, pero por otra lamento que termine esta mágica cabalgada nocturna, intruso por una vez en el Reino de la Noche. Ya no hay remedio. Mis pasos me llevan a la primera zona iluminada por las farolas. Apago el frontal, bebo agua, respiro con fuerza, y troto feliz hacia mi casa. Han sido 90’ de carrera, cuarenta de ellos con el &lt;em&gt;Ojo&lt;/em&gt;, que guardaré en el recuerdo como uno de esos entrenos “especiales” que nos salen de cuando en cuando, sin buscarlo, sin planearlo. E inevitablemente, mi mente vuela a la noche del 3 al 4 de julio. Antes de entrar en casa, miro hacia el Oeste; allá lejos las montañas, mudos gigantes de piedra, esperan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-1454339287953664496?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/1454339287953664496/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/05/vuelo-nocturno.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/1454339287953664496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/1454339287953664496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/05/vuelo-nocturno.html' title='Vuelo nocturno'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-5885145203216989295</id><published>2010-04-27T12:42:00.006+02:00</published><updated>2010-04-27T20:44:23.234+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Maratón'/><title type='text'>Momentos</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Qué os puedo contar de mi tercera Maratón… que he vuelto a disfrutar, a sufrir, a emocionarme, a reír, a luchar, a rendirme, a apretar los dientes, a sentir esa mezcla de sensaciones, cuando uno cruza “esa” línea de meta, que no se parece a nada. Y como no voy a sufrir yo solo, tendréis que leer mi cronicón hasta el final. Tomaos un café, id al baño, y poneos cómodos. Una mañana de domingo da para mucho, cuando uno hace tonterías como correr una Maratón; así que os contaré como fueron esos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena el despertador a las 6 de la mañana, y salto de la cama. ¡Por fin! Ha terminado la espera, el día y la hora han llegado. Me desayuno zumo, unas tostadas de pan con buen aceite de oliva, café con leche y un plátano. Me asomo al balcón de casa. El alba ya clarea, apenas se ven unos tímidos jirones de nubes que pronto desaparecerán, y la temperatura es casi agradable a esta hora. “Esto quiere decir que en unas horas, nos vamos a achicharrar” me digo. Puerca suerte, después de un invierno lleno de frío, lluvia, viento y nieve, el primer día de calor del año no ha querido faltar a su cita con el MAPOMA. Qué le vamos a hacer. Me visto cuidadosamente, repasando cada detalle. Esparadrapo en los pezones, vaselina en los pies, calcetines sin arrugas, camiseta, dorsal, chip, zapatillas bien atadas, ni muy flojas ni muy prietas… ¿lo llevo todo? ¿me falta algo? Repaso mentalmente la lista una y mil veces (soy un poco pesadito), está todo... ¿y el viejo reloj de mi padre? Lo llevé en mis dos anteriores maratones en memoria suya. Ayer lo tuve en la mano, parado, sin pila, cubierto de polvo, el tiempo no perdona ni a los relojes. Decidí dejarlo. Pero hoy, a última hora, corro a la habitación donde Belén aún duerme, palpo a oscuras el interior del armario y lo cojo. Si es que uno es un sentimental. Me falta algo más; me acerco al cálido cuerpo de mi mujer dormida, y la contemplo unos instantes en la penumbra del dormitorio, escuchando el leve sonido de su respiración, aspirando su aroma, para llevarme eso conmigo. La beso con suavidad y emoción, cuando vuelva a verla habrán pasado muchas horas, y muchos kilómetros. Ella me devuelve el beso medio dormida, y me regala su acostumbrado “ten cuidado”, hoy teñido de la inquietud especial que siempre le provoca esta barbaridad llamada Maratón. Pero pienso que merece la pena vivir esta emoción y sentir este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo a la calle, donde mi vecino Nacho (&lt;strong&gt;Silvestre&lt;/strong&gt;) me recoge poco después, él no puede correr esta carrera pero no quiere faltar a la cita . Se nos une Juan (&lt;strong&gt;Uros&lt;/strong&gt;), 59 años le contemplan, a última hora se ha hecho con un dorsal y estará en la salida. No sabe si bailará con “la maratona”, como él la llama, hasta el final, o se conformará con echar un bailecito y bajarse en el kilómetro 32. Hablamos del tiempo, cómo no, no como socorrido recurso para iniciar una conversación, sino con la genuina preocupación de que, con la temperatura que hace ya, a las 7:30, hay que replantearse la carrera. Es la maldición de esta maratón. Uno entrena durante los largos y duros meses de invierno buscando una determinada marca, afinando un determinado ritmo, para que al llegar el día todo se vaya al traste y haya que olvidarse de lo entrenado y buscar un ritmo de pura y simple supervivencia. Con estos y otros alegres pensamientos llegamos a Madrid. En la esquina de la Biblioteca Nacional está fijado el punto de encuentro. Pronto empiezan a aparecer “paquetes” por todos lados, nervios y alegría a partes iguales. Abrazos, risas, charlas, fotos, y mucha preocupación por el calor… merece la pena estar aquí y compartir este momento.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5464766630600293170" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S9bATAVWuzI/AAAAAAAAAEc/KGWhL-BfsRc/s400/quedada+foro+2.JPG" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;La paquetería en la Biblioteca Nacional. Foto cortesía de Equis.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;Y por fin, se acerca la “hora H”. Nos ponemos en la salida junto con los corredores del 10k, se da la salida y… ¡a correr! Bueno, a andar más bien. Hay un cierto tapón, y tardamos un rato en pasar por la alfombrilla de salida. No puedo evitar emocionarme al pensar que inicio por tercera vez esta aventura, que no sé cómo acabará. Los primeros kilómetros los hacemos muy tranquilos, formando un buen grupo. El cartagenero &lt;strong&gt;Jose Luis&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Aspen&lt;/strong&gt;, Jesús (&lt;strong&gt;Zerolito&lt;/strong&gt;), Javi (&lt;strong&gt;Locomotoro&lt;/strong&gt;), Iván (&lt;strong&gt;Cabesc&lt;/strong&gt;), &lt;strong&gt;AngelTrotón&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Guille&lt;/strong&gt; y el que os escribe formamos un grupo bien avenido. Subimos muy tranquilos por la Castellana, a ritmos sobre 5:30. Sobre el 4, se separan las dos carreras, la de 10 y la Maratón. Buenos deseos por parte de los diezmileros, seguro que acompañado de algún rechinar de dientes de envidia. En media hora ellos habrán terminado, pero nosotros tenemos por delante una enormidad. Seguimos subiendo y bajando, si Roma está edificada sobre siete colinas, Madrid debe estar sobre setenta, porque no parece haber un solo trozo llano en esta ciudad. Llegamos al 10, algo menos de 55 minutos, vamos muy tranquilos, y a pesar de todo ya sudo como un pollo, madre mía, y no son las 10 de la mañana. Jose Luis se va por delante, me voy con él un rato, pero veo que el ritmo no es el mío y me voy dejando caer hacia atrás. Cuando cruzo sobre la Castellana hacia la subida de Raimundo Fernández Villaverde, el sol cae ya a plomo. Pero aún voy contento, feliz, haciendo lo que me gusta y con la esperanza de que, esta vez, el garrotazo de la maratón no caiga sobre mi lomo. Iluso. Me reintegro al grupeto, pasamos por la casa de Guille, aquí todos los años atruena la música de “Carros de Fuego”. Esta vez, un problema técnico da al traste con la música, pero no con la ilusión de una familia (olé por ellos) que se vuelca año tras año con la carrera, y que se pasaron el sábado friendo ¡cientos de rosquillas! para ofrecérnoslas a los corredores. Veo los balcones engalanados con un montón de camisetas de carreras populares, me emociono otro poquito (soy de lágrima fácil) y me digo que estoy contento de estar aquí y vivir este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a la Gran Vía (km. 17), un montón de público aquí nos jalea y anima, el subidón de moral es impresionante. &lt;strong&gt;Paloma&lt;/strong&gt; (una futura maratoniana aunque ella se empeñe en negarlo) se nos une aquí con intención de ir hasta el final. Trae energías renovadas, y entre saludos y charlas, y que este tramo es el mejor de la carrera, los kilómetros pasan sin sentir. Gran Vía, Preciados, Sol, calle Mayor, Bailén, Palacio Real… el gentío es tremendo, cada uno grita y anima como puede, agitan banderas, exhiben pancartas, te sonríen, te aplauden, los niños chocan tus manos. Nos llaman de todo: héroes, campeones… Nosotros sabemos que nunca seremos campeones de nada, y que hay poco de heroico y mucho de cabezonería en lo que estamos haciendo, pero para que negarlo, nos gustan los ánimos de la gente, te llevan en volandas hacia la media Maratón, y me digo que me alegro de estar aquí y disfrutar de este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5464768043124954754" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S9bBlOZeloI/AAAAAAAAAEk/XFmIEv-Ps60/s400/P1020389.JPG" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Puerta del Sol. Ay, el Sol...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Media Maratón, sobre 1:55. Mucho más lento de lo que había planeado/soñado, pero el día invita a ser prudente. Bebo en todos los puestos, tomo algún gel y algún dátil, y aunque voy notando el cansancio, creo que voy bien. Bajamos por el parque del Oeste hacia la casa de Campo, tantas veces recorrida durante este invierno haciendo tapias y bosques, bajo el frío y la lluvia a veces, y hoy bañados por un sol inmisericorde que nos machaca sin piedad. Ya son 25 kilómetros los que castigan las piernas. Y aún queda mucho. Locomotoro parece que cede un poco. No le importa, él va a lo suyo, a mantener su ritmo. Yo continúo con Zero, Paloma y Cabesc. Pero según nos internamos en la Casa de Campo, noto que me cuesta mantenerme a su estela. Además desde hace unos kilómetros tengo el cuello agarrotado, con un dolor que me baja por los hombros. Miro el pulsómetro, y veo una barbaridad como 181 pulsaciones. Y estamos en el 28 aún. No puedo pasarme 14 kilómetros con el corazón (que no las piernas) al límite. Y menos con la que está cayendo. Así que me dejo caer. Bajo el ritmo, buscando recuperar el pulso, y veo como mis compañeros se marchan metro a metro. Bueno, Jorge. Estás solo. Esto podía suceder, hay que usar la cabeza a partir de aquí, y superar este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerco al 30, el pulso ha bajado algo, pero de golpe me noto muy cansado. Terriblemente cansado. “Sólo quedan 12”, intento animarme. Pero tengo una necesidad fisiológica “urgente” desde hace unos kilómetros, así que al ver un camión parado en la cuneta, me meto detrás a hacer mis cositas, y aprovecho para comer un gel y beber agua de la botella que llevo. Y al incorporarme a la carrera, lo hago andando. Son dos, trescientos metros, que me sirven para recuperar un poco de pulso y de sensaciones. La maratón me está zurrando de lo lindo, pero ya sé lo que es esto. Seguir adelante, un pie delante de otro, apretando los dientes, tratando de no escuchar a tu cuerpo que (cree que) ha llegado al límite. El límite está más lejos. En el kilómetro 42. Así que me obligo a arrancar de nuevo. Es un trotecillo lento, que no podría calificarse ni de trán-trán, pero corro. Y parece que no me encuentro tan mal. Locomotoro me alcanza, se ha regulado mejor que yo, y aunque me invita a acompañarle, no puedo seguirle. Me es imposible. Si intento llevar su ritmo, el pulso se me dispara y empiezo a encontrarme fatal. Así que vuelvo a bajar el pistón, y le veo marchar hacia la salida de la Casa de Campo. Otra vez solo, llegando al Lago y a la salida de la Casa de Campo, cuantas veces nuestros entrenamientos han terminado aquí; añoro esos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedan diez kilómetros hasta la meta. Diez kilómetros que parecen un abismo. Me olvido del 42, porque en mi cabeza está un objetivo muy personal. Llegar al 35. En ese kilómetro cumpliré nada menos que 1.000 kilómetros con un dorsal en el pecho, acumulados a lo largo de 62 carreras. No puedo pasar el 35 andando, derrotado, hecho una piltrafa. Tengo que pasarlo corriendo, o al menos haciendo algo parecido a correr. Así que sigo adelante, subo la cuesta de la Puerta del Angel, bajo por la Avenida de Portugal, recorro el Paseo de la Ermita del Santo… corriendo despacito, pero corriendo. Sudo la gota gorda, me sigue doliendo el cuello, y noto como en mis pies se debe estar produciendo una carnicería, pero eso ya lo veré cuando llegue. Porque voy a llegar, de eso no me cabe duda. Cruzo el aprendiz de río frente al estadio Calderón, bajo a la Avenida de la Virgen del puerto, suena a todo trapo el himno del Atlético de Madrid (curiosa banda sonora para un doliente madridista), y por fin paso por el 35, en 3:16:33. Me vienen a la cabeza mil momentos de carreras, de salidas, de líneas de meta, de dolores y alegrías, de esos mil kilómetros que me han llevado hasta aquí. Y me siento orgulloso y feliz de vivir este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero me paro. Nada más pasar el 35, me paro. Estoy muy cansado, triturado por la distancia y el calor. Hago cuentas, tengo 43 minutos para hacer 7 kilómetros (los más duros) y bajaré de 4 horas. Qué fácil parece; pero se me antoja un esfuerzo descomunal, y peligroso con el calor que hace y el que siento en mi más que recalentada estructura, para un premio tan escaso y alejado del objetivo que perseguía. Miro a mi alrededor, y veo caras descompuestas, corredores que siguen adelante por pura tenacidad, otros caminan, todos sufren. Veo a los sanitarios atendiendo a un corredor tapado por una manta. No es el primero que ha caído. Miro su rostro agotado, su aspecto derrotado, y me veo a mí mismo. Y decido que por hoy esta bien de pelear. Me rindo. Decido olvidarme del reloj y hacer los últimos kilómetros regulando, a ratos andando, a ratos trotando, intentando minimizar los daños y llegar a meta. Y me pregunto qué coño hago yo aquí, y maldigo este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el brillo cegador del Sol, paso mi hora más oscura de la Maratón. Pero hay que seguir adelante, siempre adelante. Solo quiero llegar a donde me espera mi familia. El kilómetro 40. Pienso en mi mujer y mis hijas, estarán esperando ver pasar a un atleta, y sólo voy a ofrecerles un dolorido pingajo. Cagontodoloquesemenea. Arranco a correr otra vez, las piernas se niegan, los pies me mortifican, pero enfilo el Paseo Imperial trotando. Lento. Un fantasma de corredor entre miles de fantasmas. Arriba, el ciego sol. Abajo, kilómetros de asfalto húmedo de sudor. A los lados, un público a ratos festivo, a ratos animoso, a ratos conmovido, que se pregunta qué puede impulsarnos a hacer algo así. El corazón tiene razones que la razón no conoce. Pero, aún dolorido y derrotado, me siento orgulloso de pertenecer a esta casta de locos que se atreven a correr una Maratón, de estar aquí, de formar parte de este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Paseo de las Acacias (km. 38) me ofrece la oportunidad de esbozar una sonrisa. Hay mucha gente que pone la música de sus coches a todo volumen, buscando animarnos de alguna manera. Se agradece. Pero cuando el desfile de muertos vivientes, que me arrastra hacia delante por la amplia avenida bajo un sol de plomo, pasa al lado de un coche, empiezan a sonar inconfundibles AC/DC y su &lt;em&gt;Highway to Hell&lt;/em&gt;… Nunca una música ha sido más apropiada, y no sé hasta que punto esto nos anima, pero no puedo por menos que reírme. Como lo haré muchas veces, escuchando los comentarios de muchos corredores que hacen del ingenio y el humor la mejor arma para luchar contra la maratón. Así llego por fin a Atocha, ya es el 39, me paro a caminar un rato, porque dentro de poco llegaré donde están mis chicas, y tengo que ofrecerles algo digno de ver. Unos metros delante de mí veo a Iván, otra víctima del día de hoy, que camina buscando llegar, como todos. Mientras le saludo, aparece Miguel (&lt;strong&gt;Equis&lt;/strong&gt;), nos tira unas fotos, nos anima, nos azuza “¡venga a correr hasta el final, cojones!” En él personifico un &lt;strong&gt;GRACIAS&lt;/strong&gt; enorme a todos los que estuvieron ahí, echándonos una mano en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5464768353718826322" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S9bB3Tc09VI/AAAAAAAAAEs/BcPv5QGLGdI/s400/pardi.JPG" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;¿Rabia o búsqueda de un aire que falta? (Foto cortesía de Equis)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Y llega Alfonso XII, lo que otros días no sería más que una cuesta como tantas otras, ahora es un muro, un obstáculo inhumano, que solo unas mentes enfermas han podido colocar en el kilómetro 40 de una Maratón. Pero este organismo vivo formado por miles de maratonianos no se detiene. Se enrosca sobre si mismo, se retuerce, gime y aúlla, pero sube la cuesta. Y yo con él. Miro a un lado y a otro buscando a mis chicas. Voy corriendo (si es que lo que hago a estas alturas y con esta pendiente puede llamarse correr). Por fin las veo. Allí están. Trato de poner mi mejor cara. Debí fracasar, porque Belén luego me diría que iba desencajado. Pero me paro a su lado, las beso una a una, miento una vez más a mi mujer cuando a su preocupada pregunta “¿Cómo vas?” respondo que “Bien, muy bien”. Y veo que mis hijas se ponen a mi lado, y les cojo la mano, y corro con ellas diez, veinte metros de la Maratón. Los más hermosos de la carrera, de mi vida de corredor. La emoción me invade, y solo me salva que mi cuerpo exprimido está ya tan reseco que no puede echar lágrimas. Y me digo que valió la pena llegar hasta aquí, para compartir con ellas este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bordeo el Retiro, tan cerca ya de la meta y a la vez tan lejos. Los metros se hacen eternos, recibo los ánimos de &lt;strong&gt;Lander&lt;/strong&gt;, de Pedro (&lt;strong&gt;Jordan&lt;/strong&gt;), de sus mujeres… “hoy no ha sido el día, pardi”. Pues no. Espero que algún día sea “el” día. Voy caminando, menos de dos kilómetros a meta y no puedo más, sólo deseo acabar. Oigo que alguien me llama por detrás, al leer mi camiseta, y me dice “vamos pardi, venga vamos juntos hasta el final”. No sé quien es, ni él sabe quién soy yo. Pero somos maratonianos. Compañeros de fatigas por un día. Hermanos de sangre y de sudor. Me pego a él, pasamos el 41 (¡Dios, pero si hace una eternidad que pase el 40!), y seguimos bordeando el parque, cuyo perímetro hoy parece adquirir dimensiones gigantescas. Por fin, la entrada. Flanqueado por un apasionado y ruidoso gentío a ambos lados, piso el Retiro. El Paseo de coches se hace eterno. Corro con el corazón, porque las piernas hace tiempo que dejaron de ser mías. Veo el 42, faltan 195 metros. Me acuerdo de mucha gente, de los paquetillos con los que he compartido tantos kilómetros, de mis amigas Elisa e Isabel que son mis incondicionales fans aunque piensan que no estoy bien de la cabeza, me acuerdo de mi padre, de mis hijas, beso mi anillo de boda y le dedico mi enésima locura a Belén, mi mujer, porque por más que yo corra, ella siempre está ahí, junto a mí. Gracias, compañera. Sonrío, tiro besos al público, levanto el brazo, cruzo la meta. He llegado hasta aquí. Y recordaré para siempre este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Merece la pena tanto esfuerzo? Anteayer diría que no. Hoy, así así. Y mañana… mañana será otro día; pero pongamos el punto final a la Maratón. De momento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-5885145203216989295?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/5885145203216989295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/04/momentos.html#comment-form' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/5885145203216989295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/5885145203216989295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/04/momentos.html' title='Momentos'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S9bATAVWuzI/AAAAAAAAAEc/KGWhL-BfsRc/s72-c/quedada+foro+2.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-978299105131189747</id><published>2010-02-04T19:42:00.004+01:00</published><updated>2010-02-04T19:53:24.281+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Maratón'/><title type='text'>Recapitulando</title><content type='html'>&lt;div&gt;Si vuelvo la vista atrás, esta temporada post-papiloma (y que dure) que comenzó en tierras segovianas en la hermosa y dura &lt;a href="http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/09/deciamos-ayer.html"&gt;Senda de los Frailes&lt;/a&gt;, para continuar con la aún más hermosa y dura &lt;a href="http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/10/vente-conmigo.html"&gt;carrera de la Pedriza&lt;/a&gt;, arroja más luces que sombras. Bien es verdad que la cosecha de marcas ha sido más bien paupérrima, tan solo conseguí limar un mísero segundo a mi marca de 10.000, pero sin embargo casi cada carrera que he hecho ha supuesto para mí &lt;em&gt;Récord de la prueba&lt;/em&gt;, aunque no absoluto. Así, el 44:12 de los 10k de Rivas ha sido mi mejor marca en Rivas en 6 participaciones. El 43:04 de Aranjuez pulverizó el registro de mi anterior participación, 44:30 el 2007. También en la Sansil, con un tiempo de perros, firme un 43:24 que ha sido mi mejor San Silvestre de las 7 que he corrido. Y finalmente, en la media de Getafe, el “pequeño fracaso” de 1:36:33 aún bate por más de un minuto mi mejor tiempo en el recorrido Getafeño, de 1:37:47. Mi desesperada búsqueda de una MMP me hizo además correr tres diezmiles a tope en el intervalo de 3 semanas, siempre en tiempos de 4:18-4:20 por kilómetro, con lo que considero más que consolidado ser capaz de correr un diez mil en torno a 43 minutos. Muy bien, ¿y esto a dónde me lleva? Pues podría pensar que a ningún sitio, porque mi familia siempre me dice “muy bien cariño/papá/hijo”, haga 43 minutos o 53. Pero creo que donde me ha llevado (hasta que empiecen a asomar por el horizonte empresas mayores), es a la rampa de salida de mi tercer Maratón. Si, después de dos sonados fracasos, de airados “nunca más”, de “a Dios pongo por testigo” y todo ese bla-bla-bla, tras un paréntesis de un año volveré a mirar a los ojos al monstruo. Posiblemente, éste me eche una mirada de hastío, resople con fastidio, y con un displicente coletazo me aplaste como a una cucaracha, pero hasta que ese día llegue, viviré, entrenaré y correré con la ilusión de enfrentarme al bicho, y vencerlo (alguna vez me tocará, digo yo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De momento, me he hecho con uno de esos planes de Gavela, que pretendo seguir tan a rajatabla como soy capaz de seguir un plan (que no es mucho). Se supone que con cuatro días por semana (que son los que salgo a correr, y no creo que pueda meter ni uno más), podré correr en torno a 3:30. Me da la risa floja solo de pensarlo, y más cuando pienso en mi actual marca, pero de momento ya hemos empezado. El martes, 25’ de calentamiento, 4 arreones de 9’ por el Parque de Bellavista (bella vista, y bellas cuestas), Y 12’ de “enfriamiento” de vuelta a casa. Y hoy, 60’ por la Dehesa de Navalcarbón, por terreno variado, y siguiendo los consejos de Mr. &lt;a href="http://cabesc.blogspot.com/"&gt;Cabesc &lt;/a&gt;incorporando toda clase de “aditivos” al simple correr, como saltar piedras, salir continuamente del camino, trepar montículos de tierra, etc. que han hecho el entrenamiento divertido… y cansado. El caso es que ya estamos en faena. Y tengo una cita el 25 de abril.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434463033541635122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 296px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S2sXVgM9rDI/AAAAAAAAAEU/jGEukOZ0HmQ/s400/image002.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-978299105131189747?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/978299105131189747/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/02/recapitulando.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/978299105131189747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/978299105131189747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/02/recapitulando.html' title='Recapitulando'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S2sXVgM9rDI/AAAAAAAAAEU/jGEukOZ0HmQ/s72-c/image002.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-8864989159788764044</id><published>2010-01-25T18:47:00.005+01:00</published><updated>2010-01-26T13:56:41.899+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Media Maratón'/><title type='text'>Media Maratón de Getafe</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Después de mi reciente participación en el Trofeo Páris, con agónica MMP incluída (42:55, superando en ¡un segundo! mi antigua marca), pues uno se emocionó, echó las cuentas de la lechera, y se creyó capaz (bendita ilusión) de correr nada menos que una media maratón a 4:30 / km. La plaza elegida sería la Media Maratón de Getafe, carrera que por recorrido y organización pasa por ser una de las mejores y más rápidas medias madrileñas. Además contaría con la inestimable colaboración de Paco “&lt;a href="http://paquitomalagueta.blogspot.com/"&gt;Malagueta&lt;/a&gt;”, pequeño gran corredor en horas bajas por culpa de un pie que le está dando más guerra de la debida, y que se prestó a hacerme de liebre en mi poco meditada intentona de bajar de 1:35. Pegas: después de haber corrido 3 diez miles en 3 semanas (Aranjuez, Sansil y Páris) a tope y buscando marca, no he hecho ni un entreno específico de cara a una media maratón. Y además, por unas cosas o por otras, llevo un 2010 bastante “raro” en lo que a entrenos se refiere: que si me acatarro y me tiro 6 días parado, que si me duele el isquio y corro poquito y suave para no hacerme daño, que si no encuentro el hueco (o las ganas) para hacer series… Y para redondear la receta, esta vez me tomé la típica caguitis previa a una carrera al pie de la letra, y cuando me acosté el sábado por la noche después de una serie de encuentros íntimos con el sr. Roca, tenía dolorosos retortijones abdominales y sudaba como un pollo, con lo que no me dormí hasta cerca de las cuatro de la mañana. Con estos ingredientes en la coctelera, y añadiendo unas gotitas de mi tradicional inconsciencia, ¿a qué ritmo salir? Pues a 4:30, faltaría más, no voy a cambiar mis planes por un quítame allá esas diarreas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que me presento en Getafe sobre las nueve de la mañana del domingo, con una temperatura excelente y el cielo apenas velado por algunas nubes juguetonas: un día ideal para correr. Pronto se va juntando lo más granado de la paquetería del mundo mundial, cada uno con su objetivo y su ilusión. Después de un rato de charla, en el que, cosa rara, nadie sugirió &lt;em&gt;ir a tomar algo&lt;/em&gt; ;-), nos vestimos de romanos y a calentar. Durante el calentamiento me preocupa no encontrar a Malagueta, preocupación que se agudiza cuando me coloco en la salida sin haber visto rastro de él. Teniendo en cuenta que su mujer ha salido de cuentas hace 5 días, sé que en cualquier momento una llamada telefónica me puede dejar sin liebre; el caso es que se da la salida, y echo a correr. Solo. Ya nos encontraremos, me digo. De momento me tengo que concentrar en encontrar mi ritmo en estos primeros kilómetros, en los que la aglomeración, los nervios, y la sempiterna mala colocación de los corredores, obligan a zigzaguear un poquillo. A pesar de todo, paso por el 2 en 8:59, casi clavando el ritmo. Camino del 3, Malagueta aparece a mi lado. Estupendo. Pronto se hace cargo de la situación, y empieza a desempeñar de forma impecable su labor de liebre: cantándome el ritmo, “leyendo” el recorrido que conoce a la perfección, dando consejos, animando, cogiendo agua… un auténtico lujo. Los primeros kilómetros van fenomenal. Alguno en bajada, sale casi demasiado rápido, a 4:20. Tenemos tiempo de saludar a Carlos &lt;a href="http://elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com/"&gt;Gebre&lt;/a&gt;, que hoy ha abandonado su forzoso dique seco de Ávila para estar con “sus” paquetillos, y a la gran Lola, mujer de &lt;a href="http://lander-blog-paquetil.blogspot.com/"&gt;Lander&lt;/a&gt;, siempre al pie de las carreras con una sonrisa en la boca. Y así, tan contentos, llegamos al km. 10, que paso en 44:53. Vamos de lujo. Me encuentro aparentemente bien, así que comienzo la segunda vuelta al circuito con la moral por las nubes. Cae el 11, el 12, voy manteniendo el ritmo, pero un invitado no deseado, el cansancio, empieza a acampar en mis piernas, y parece que con intención de quedarse. Espero que sea algo momentáneo, me digo. Paco me canta lo que me espera: una subida (leve, pero subida), según él, si la pasamos y llegamos enteros al km. 14, esto está hecho. Pero el cansancio ya ha hecho nido en las piernas, y la cuestecita no hace más que empeorarlo. Mi ritmo ha bajado, lo noto, y el reloj así me lo dice sin ningún miramiento, y lo peor es que noto que las piernas ya no van, han dicho “hasta aquí hemos llegado”, y ahora moverlas hacia delante se convierte en un acto de pura voluntad. Paco se da cuenta, y yo se lo digo: “voy cansado” (forma elegante de decir: &lt;em&gt;estoy jodido&lt;/em&gt;), y aquí es cuando agradezco más si cabe su labor de liebre, porque va tirando de mí, avisándome de cada tramo donde puedo recuperar, cantándome cada punto kilométrico con antelación para llevarme un poquito más allá. Gracias a él no tiré la toalla, y traté de mantener el ritmo más alto que era capaz de llevar, sobre 4:40, sufriendo con cada paso, sabiendo que la soñada marca se desangra por momentos y que no podré conseguirla, pero intentando siempre hacerlo lo mejor posible. Llegando al 19, el cansancio es extremo, sólo quiero terminar, apenas alcanzo a decirle a Paco “estoy muerto” pero él me anima, venga que ya estamos, dos kilómetros y además cuesta abajo, venga que ya está. Kilómetro 20, en otras carreras estaría apretando, tengo un buen final y es raro el corredor que consigue pasarme en el último mil, pero hoy me veo superado por racimos de corredores, lo que me desmoraliza aún más si cabe; mis piernas van agotadas, al límite de su resistencia. Se me hace eterno el tramo de calle hasta entrar en el polideportivo, último giro, veo a Gebre y a Lola gritando y haciendo fotos, aún me queda un resto de ánimo para sonreírles (o hacer una mueca que intenta ser sonrisa) y levantar mi puño con rabia, porque esto ya está, ya piso el tartán, la marca se ha ido pero voy a hacer mi segunda mejor media, cojo la mano de Paco y entramos juntos, parando el reloj en 1:36:33. &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430806304029780482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S14Zj1OlqgI/AAAAAAAAAEM/4Zk7fyHX99E/s400/media_getafe+24-01-10+067.jpg" border="0" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Paquito Malagueta ejerciendo de liebre. Gracias campeón (Foto cortesía de C. Velayos)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco irán llegando el resto de los paquetes, algunos con MMP, otros no, pero todos con esa alegría que caracteriza a este grupo de gentes extraordinarias. Compartiré con ellos unos momentos antes de volver con mis &lt;em&gt;tres devociones&lt;/em&gt;, y cuando mi cuerpo se enfríe y solo unas dolorosas agujetas me recuerden que he corrido una media maratón, daré más valor a la marca que he hecho hoy. Que no es más que el punto de partida de un camino que debe acabar, no en una línea de meta, sino en una de salida: la del &lt;a href="http://www.grantrail.es/"&gt;&lt;strong&gt;Gran Trail de Peñalara&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;, el próximo 3 de julio. Ya os contaré...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-8864989159788764044?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/8864989159788764044/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/01/media-maraton-de-getafe.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8864989159788764044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8864989159788764044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/01/media-maraton-de-getafe.html' title='Media Maratón de Getafe'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S14Zj1OlqgI/AAAAAAAAAEM/4Zk7fyHX99E/s72-c/media_getafe+24-01-10+067.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-2187532545624925272</id><published>2010-01-04T13:54:00.008+01:00</published><updated>2010-01-10T17:05:05.044+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><title type='text'>Memorias de San Silvestre</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;Ya ha llovido desde mi última entrada (y más en este último mes). Más que las andanzas del corredor de la fruta, mi sempiterna vagancia va camino de hacer que este experimento virtual sea cada día menos experimento, y cada día más virtual. Y no es que no hayan pasado cosas (atléticamente hablando) desde que me deje caer por los campos seguntinos, en el ya lejano mes de octubre; haré un esfuerzo de memoria, y otro de síntesis (cosa nada fácil para un ladrillero de memoria delicuescente como yo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 15 de noviembre, corrí los 10 kilómetros que organiza la asociación Grutear en Alcalá de Henares, con la grata compañía de &lt;a href="http://correpoco.blogspot.com/"&gt;Jesús&lt;/a&gt; (Zerolito). Carrera que sólo pasará a la historia (la mía) por haber llegado tarde a la salida, para alegría y regocijo del público congregado en la salida, que nos jaleó y se echó unas buenas risas a nuestra costa. La marca, 46:40 con la sensación de no haber forzado lo más mínimo, y lo mejor la compañía, festejada con churros pre-carrera y cervecitas después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 29 de noviembre, los 10 kilómetros de mi pueblo, Rivas. Primer intento serio de acercarme a los 45 minutos. Mañana de perros, con muchísima agua, y una vez más con la impagable compañía de paquetillos y asimilados: &lt;strong&gt;Carlos&lt;/strong&gt; (Darth Vader), mi vecino &lt;strong&gt;Nacho&lt;/strong&gt; (Silvestre), y las “hermanas del viento”, &lt;strong&gt;Marina&lt;/strong&gt; (una de las que &lt;em&gt;vino conmigo&lt;/em&gt; en la Pedriza) y &lt;strong&gt;Paloma&lt;/strong&gt;. Empecé la carrera con estas dos últimas (recordad mi pasión hortofrutícola ;-) ), y a la mitad me quedé solo con Marina, que me llevó con la lengua fuera hasta cruzar la línea de meta en unos prometedores 44:12. Primer sub-45 post-papiloma, y con buenas sensaciones (salvo algo de flato al final), así que muy contento. Naturalmente, hubo desayuno y cerveza, accesorios sin los cuales algunos de nosotros no entenderíamos la práctica del atletismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 13 de diciembre, inesperada participación en la Media maratón de Guadalajara. Inesperada, porque hasta que no vi en el foro la invitación a correrla de &lt;strong&gt;Jose&lt;/strong&gt; “el corredor del Cañamares”, y empezó a tomar cuerpo la participación de un número nada despreciable de paquetillos en la misma, no me había planteado hacerla. Acudimos el grupo de Rivas al completo (&lt;strong&gt;Nacho&lt;/strong&gt;/&lt;a href="http://miperdidadekilos.blogspot.com/"&gt;Silvestre&lt;/a&gt;, &lt;strong&gt;Paloma&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Juan&lt;/strong&gt;/Uros y yo mismo), el gran &lt;strong&gt;&lt;a href="http://lander-blog-paquetil.blogspot.com/"&gt;Lander&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; y familia, &lt;strong&gt;Jose&lt;/strong&gt;/El corredor del Cañamares, &lt;strong&gt;Luis&lt;/strong&gt;/Ibki, y &lt;strong&gt;Carlos&lt;/strong&gt;/Darth de vuelta de su fiasco lisboeta (fiasco por parte de la triste organización de la maratón, no por la suya). Día absolutamente gélido, con un viento helado, y una carrera durísima, como todas las medias que he tenido la oportunidad de hacer este año en la provincia de Guadalajara. Una vez más, con la estupenda compañía de una de las &lt;em&gt;hermanas del viento&lt;/em&gt; casi toda la carrera, esta vez le toco aguantarme a Paloma. En meta, 1:44:36, con buenas piernas al final, y… ¿lo adivinas? Si, cervecitas.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422869442710078706" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S0HnBswOBPI/AAAAAAAAAD8/aKQh1K9NjSA/s400/88119421.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Paquetillos congelados en Guadalajara. Paloma, Uros, Silveste, Darth, Lander (y el Tiki), y el corredor de la fruta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 20 de diciembre, una de las citas marcadas en rojo en el calendario. El diez mil de Aranjuez, lugar elegido por muchos paquetillos para desafiar los límites de sus marcas personales, y para organizar un buen barullito alrededor de unas paellas (regadas con cerveza, claro esta). Mucho frío otra vez, pero sin viento y con solecito. Pero no fue el día. Me caí antes de empezar resbalándome sobre unas escarchadas y húmedas hojas secas, poniéndome perdido de barro y lastimando sobre todo mi orgullo. Y me coloqué fatal en la salida, teniendo que pasarme los dos primeros kilómetros zigzagueando y con continuos y bruscos acelerones y parones. Así y todo, hice una estupenda marca… pero no lo suficiente. 43:04, a ocho segundos de mi MMP. Lo mejor una vez más la comida, más que por la calidad de los arroces y otras viandas, por la compañía. Y además fue la presentación en sociedad de mi Santa en uno de estos barullitos paquetiles. Espero que se repita muchas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5422870364900518450" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S0Hn3YLjajI/AAAAAAAAAEE/SmIVm_b_01I/s400/arabjuez.jpg" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Nutrida paquetería en Aranjuez (aún no me había caído). Zero, una guapa rubia, Canillas, Txamo (y Yoku acechando detrás de él), Uros, Silvestre, Iron-Ibki,Adrián, y abajo los niños, con Lander y yo tan a gustito entre ellos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegó San Silvestre. Último día del año, última carrera. La San Silvestre supuso mi debut en el mundillo de las carrera populares, hace la friolera de ocho años ya. Si hoy me pongo a recordar esas 8.000 personas en la salida al lado del museo de Ciencias Naturales, ese dorsal de papel (fue el último año antes de las camisetas-dorsal) sujeto con imperdibles sobre mi sudadera de algodón (entonces no tenía ni idea de lo que era una prenda técnica), esos saltos nerviosos antes de empezar sobre mis zapatillas de tenis (aún menos idea tenía de zapas), y ese gozo indescriptible que sentí corriendo por las calles de Madrid vestidas de Navidad, llevado en volandas por los gritos de los vallecanos en las cuestas de su barrio hacia la primera línea de meta de mi vida, me invade una cierta morriña… y supongo que eso explica que, ocho años después, aún espere con enorme y navideña ilusión esta carrera, a pesar de ver el monstruo en que se ha convertido. Supongo que algún año tendré que rendirme a la evidencia, y no correrla, o al menos no intentar correrla, y solo disfrutarla en buena compañía, quizá disfrazado formando parte de la fiesta. Pero este año, con los ocho malditos segundos de Aranjuez martilleando en mi cabeza, tenía la (supongo que absurda) ilusión de desquitarme en mi querida San Silvestre. Posiblemente, la peor carrera imaginable para hacer marca, salvo que tengas la suerte (o la habilidad) de salir bien colocado adelante, porque la verdad es que, cuando quise entrar en mi cajón de salida, estos ya se habían fusionado en una espantosa amalgama de corredores de toda marca y condición, que me condenó a pasar un verdadero infierno en los dos primeros kilómetros, adelantando, frenando, zigzagueando, y maldiciendo a esta &lt;em&gt;femme fatale&lt;/em&gt; de las carreras. La climatología tampoco ayudó: frío, lluvia, viento en contra, granizo… todo un despliegue de meteoros adversos cayó sobre nosotros. Pero tampoco este año, como en las otras seis veces que he corrido la San Silvestre, faltó mi Santa a la cita en Pacífico (km. 7). Ese breve instante en que veo su sonrisa y escucho su grito de ánimo es el mejor avituallamiento que nunca recibiré en una carrera. Y qué decir de tantos y tantos sufridos y animosos vallecanos, que llueva, hiele o nieve, se echan a la calle a dejarse las gargantas animando a los corredores en “su” carrera, y compensando con su generoso derroche de entusiasmo todos los sinsabores que haya podido dejarte la prueba, obligándome a hacerles la silenciosa promesa de volver de nuevo el año que viene… y colocarme mejor en la salida. El 43:24 que marcó mi reloj en la meta, al final es lo de menos. Hay muchas carreras en las que hacer marca. Pero San Silvestre vallecana, sólo hay una. Y no concibo otra forma de acabar el año que formando parte de esa colorida marea de esfuerzo, sudor, alegría, ilusión, camaradería, risas, y zapatillas. Están locos, esos corredores.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-2187532545624925272?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/2187532545624925272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/01/memorias-de-san-silvestre.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/2187532545624925272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/2187532545624925272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2010/01/memorias-de-san-silvestre.html' title='Memorias de San Silvestre'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/S0HnBswOBPI/AAAAAAAAAD8/aKQh1K9NjSA/s72-c/88119421.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-836263369727872354</id><published>2009-10-28T23:29:00.010+01:00</published><updated>2009-10-30T19:08:15.047+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sigüenza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Media Maratón'/><title type='text'>Por tierras del Cid</title><content type='html'>&lt;em&gt;Ya quiebran los albores e vinie la mañana;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;salía el sol, ¡Dios, que fermoso apuntava!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En Sigüenza, todos se levantavan;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;abren las puertas, de fuera salto davan&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;por ver los corredores e todas sus andanzas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí estoy, una mañana más, una carrera más. El año pasado me quedé con las ganas de correr esta prueba, así que al ver la convocatoria de la 2ª edición de la Ruta del Románico Rural/Media Maratón de Sigüenza, no pude resistirme. Son poco más de las nueve de la mañana del domingo 25 cuando entro en la ciudad seguntina. Siguiendo a un coche de Protección Civil llego a la zona de salida, donde los voluntarios se afanan diligentemente en prepararlo todo. Nada de arcos inflables ni zarandajas de esas: una pancarta pintada a mano, sujeta con cuerdas, marca la salida y la meta de la carrera, dándole un toque romántico y humilde a esta prueba. Recojo mi dorsal, el 159, y como me sobra mucho tiempo me doy un paseo por la ciudad. Me cruzo con unos pocos madrugadores por las calles, hasta que mis pasos me llevan a un bar (tengo cierta querencia), donde me tomo un café. Mi mirada no puede evitar fijarse en unos apetitosos churros, pero estoy un poco delicado del estómago, así que con todo el dolor de mi corazón me hago el fuerte y me conformo con el café. Al salir, veo que la imponente catedral ya está abierta, de modo que más por curiosidad que por devoción, entro dentro del templo. Desierta. He visitado, si no todas, sí un buen número de catedrales españolas, pero esta es la primera vez que me encuentro solo dentro de una de estas inmensidades pétreas. Mis pasos retumban por las naves, apenas iluminadas por una más que escasa iluminación artificial, y por un sol aún tímido que busca abrirse paso por los altos ventanales de la catedral, dando una apariencia irreal, casi sobrecogedora, al solitario templo. Supongo que los constructores que lo levantaron hace siglos buscaban justo este efecto de empequeñecimiento del simple mortal frente a la grandiosidad de la Iglesia. Yo, que ya sé que soy pequeño, me conformo con levantar mi mirada a las nervaduras de las altas bóvedas, curiosear capillas (entre otras la del afamado Doncel), y poner un par de velitas a una Virgen, costumbre que mi Santa y yo tenemos ya por tradición en toda Catedral que visitamos, y que esta vez, aunque solo, no pude dejar de cumplir. Salgo al aire libre y veo que mis meditaciones metafísicas han consumido buena parte de mi excedente temporal, así que retorno a la zona de salida, en las afueras de la ciudad. Me visto definitivamente de romano, con la camiseta del foro, y me pongo a calentar. En esto estoy cuando me encuentro con dos foreros, &lt;strong&gt;&lt;a href="http://romavincit.blogspot.com/"&gt;landes&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;culebra17&lt;/strong&gt;; tienen una pinta de atletas acojonante (sobre todo landes, que esta hecho un toro), así que charlo un poco con ellos y declaro mis paquetiles intenciones de procurar buscar un ritmillo de 5 el kilómetro, sobre 1:45 al final. Por el megáfono nos dicen que nos vayamos colocando para la salida, somos poco más de 100 corredores, así que me coloco en cuarta o quinta fila (que aquí es tanto como decir de la mitad para atrás, vamos, mi sitio). Un bocinazo de la sirena de la ambulancia marca el inicio de la carrera. ¡A correr!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5398317954393689266" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Suqtk_g_zLI/AAAAAAAAADo/K8ML43b5hAI/s400/sigu+126.jpg" /&gt; &lt;span style="font-size:78%;"&gt;"... allá van las mesnadas, en franca y alegre jornada..."&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;Mi idea es salir despacio y luego… me viene a la cabeza José “&lt;strong&gt;el Corredor del Cañamares&lt;/strong&gt;”, con el que compartí la media de Jadraque y una hermosa travesía por los montes escurialenses, que no dudaría en completar la frase con “aflojar, Jorge, aflojar”. Ya veremos, me digo yo, según me vaya encontrando, y según se dé la carrera (que siempre acaba por ponernos a cada uno en nuestro sitio), iré ajustando el ritmo. Los primeros kilómetros, para que nos vayamos calentando, son cuesta arriba, pero sin ser una pendiente exagerada. Me los tomo filosóficamente, coronando el &lt;em&gt;primer puerto&lt;/em&gt; de la jornada y pasando el kilómetro 3 en 16 minutos, vamos, a 5:20 / km. Ahora viene un tramo de bajada, aquí me voy reteniendo porque la carrera es larga y quiero reservar para lo que venga, voy tomando referencias cada vez que veo los puntos kilométricos (unos artesanales y entrañables cartelitos de madera, con el número pintado, clavados a la vera del camino), y veo que estoy bajando cómodamente a 4:55-5:00. Corremos por una senda de tierra, rodeados de cerros y alcores que ya van vistiendo los colores del otoño, y bajo la distraída mirada de un rebaño de ovejas (merinas ellas), muy afanadas en desayunarse media pradera. Unos cientos de metros delante de mí, veo a un corredor empujando un carrito (luego me enteraría de que se trataba de otro forista, &lt;strong&gt;sideuvol&lt;/strong&gt;), y me viene a la cabeza &lt;strong&gt;Cabesc&lt;/strong&gt;, que a estas horas estará batiéndose el cobre en Beni... en la Maratón de Ciudad Real. Espero que le vaya bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos de la terrosa senda, y corremos un rato por una carretera. Veo continuas marcas que indican la "&lt;a href="http://www.siguenza.es/siguenza/es/turismo/tur_cid.php"&gt;Ruta del Cid&lt;/a&gt;", parece ser que el Campeador, acompañado de sus leales, anduvo guerreando por estos campos cuando fue desterrado. Fácil es imaginarle a lomos de Babieca, con Alvar Fáñez a su diestra, y la espada bien ceñida a su cintura, pronta a ser blandida contra la morisma, cabalgando por estas tierras. Emulando a mi manera el trote de los guerreros corceles, sigo a mi cansino ritmo, girando a la derecha hacia la primera pedanía seguntina que vamos a atravesar, &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ures_(Guadalajara)"&gt;Ures&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;. Son apenas 4 casitas, y según el último censo, apenas nueve habitantes los que las pueblan; por eso me emociona ver sobre nuestras cabezas una pancarta, hecha a mano con una sabana, algo de pintura y mucho cariño, que reza "Bienvenidos a Ures. ¡Animo campeones!". Y es que esta carrera no tiene un megapatrocinador, y posiblemente no me den una camiseta ultra-fashion “Niketekagas” o “Adidostraspedrín”, ni un par de números atrasados del Runner’s World. Aquí sólo dan ilusión, esfuerzo, ganas de hacer las cosas bien, y me tratan como a un atleta (si ellos supieran...), no como a un número de cuenta. Vamos, lo que se dice una carrera de pueblo. Ay, cuanto les queda por aprender de la capital…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sumido en estas reflexiones tras atravesar Ures, el recorrido nos reserva una sorpresita: hay que abandonar la carreterita y girar a la derecha para tomar un camino rural de tierra, con unos cuestones del quince. Aunque voy a medio gas, las piernas protestan airadamente, pero no las hago caso y continuo mi trote diesel cuesta arriba, hasta coronar el &lt;em&gt;segundo puerto&lt;/em&gt; en la pedanía de &lt;a href="http://pozancoset.iespana.es/"&gt;&lt;strong&gt;Pozancos&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;, donde un nutrido y animoso público nos acoge entusiasta, empujándonos con sus gritos de aliento y aplausos. Nada más empezar el descenso al pasar Pozancos, veo el kilómetro 10. Unos 52 minutos. Bueno, un poco por encima de lo esperado, pero me siento bien, y corriendo por un hermoso entorno. Un poco por la hermosura, otro poco por la cuesta abajo, el caso es que me voy animando, y acelero el ritmo poco a poco, casi sin darme cuenta, cazando algunos grupos de corredores. Sobre el 13, veo que me voy acercando a &lt;strong&gt;sideuvol&lt;/strong&gt; empujando su carrito. Son mis mejores momentos en la carrera, me encuentro bien, fuerte, cuando llegamos a la tercera &lt;em&gt;dificultad montañosa &lt;/em&gt;del día, la subida a la última pedanía que vamos a atravesar, &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.siguenza.es/siguenza/es/pedanias/palazuelos.php"&gt;Palazuelos&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;. La entrada es espectacular, atravesando un arco que se abre en la imponente muralla, aquí cojo a sideuvol, que al ver mi camiseta (gran idea, esto de las camisetas) se identifica, charlamos brevemente, pero ahora llevo mejor ritmo, así que le dejo atrás. Dejamos atrás Palazuelos, toca volver a Sigüenza. Tras un breve tramo, toca subir el último &lt;em&gt;puerto&lt;/em&gt; de la jornada, más de dos kilómetros cuesta arriba, que a estas alturas, con 16 en las piernas, se me antojan una pared. Además este loco Sol de octubre, que ha estado todo el día jugueteando con las nubes velando su rostro, ahora se deja caer con fuerza, y pronto noto que me estoy cociendo en mi propio jugo. Algunos tramos de subida se me hacen durísimos, mi trote es tan lento que me da la impresión de que iría más deprisa andando, pero el caso es que adelanto a algún corredor, así que no debo ir tan mal como parece. Oigo tras de mí la alegre charla del chaval de Sideuvol, que se lo está pasando tan ricamente en su carrito. Es lo único que se oye, junto con los jadeos y pisadas de los corredores, que apenas perturban la paz de los campos castellanos que nos envuelve. Corono la última cima, ya bastante perjudicado, así que decido encarar los últimos kilómetros con tranquilidad, no voy a batir ninguna marca, y no es plan de romperme algo. Sideuvol me adelanta con su carrito, la bajada me recupera un tanto pero no fuerzo nada, solo voy consumiendo los últimos kilómetros en modo económico. Por fin, Sigüenza a la vista. Últimos metros, me encuentro con &lt;strong&gt;landes&lt;/strong&gt; que ha salido a ver si llego (bonito detalle, gracias ;-) ), trota conmigo algunos metros donde comentamos la dureza del recorrido, y ya estoy en la meta. Ovación cerrada del numeroso público (siempre se agradece), y paro el reloj en 1:47:13, a 5:05/km. Algo por encima de lo esperado, pero bien, he disfrutado de una bonita mañana de carreras, de paisajes de serena belleza, de gentes fantásticas, y me voy para casa con una sonrisa, una camiseta de algodón, y un tarro de miel de la Alcarria. ¿Qué más se puede pedir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5398333662709941634" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Suq73VjcBYI/AAAAAAAAADw/C9biFsATVxI/s400/NORM.159_2.jpg" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"... en buen hora ceñísteis espada, mío Cid..."&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-836263369727872354?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/836263369727872354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/10/por-tierras-del-cid.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/836263369727872354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/836263369727872354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/10/por-tierras-del-cid.html' title='Por tierras del Cid'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Suqtk_g_zLI/AAAAAAAAADo/K8ML43b5hAI/s72-c/sigu+126.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-7229051731820796254</id><published>2009-10-07T15:02:00.017+02:00</published><updated>2011-02-09T09:00:26.943+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Montaña'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Pedriza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cross'/><title type='text'>Vente conmigo</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt; a la Pedriza, dejó puesto &lt;a href="http://correpoco.blogspot.com/"&gt;Jesús&lt;/a&gt; en el &lt;a href="http://www.elatleta.com/foro/forum.asp?FORUM_ID=1"&gt;foro&lt;/a&gt;, mitad invitación, mitad desafío. Pues venga, porque no. Desde que el año pasado una cualificada representación de la paquetería rindió al primer asalto y tras largo y duro combate las cimas y Torres de La Pedriza, tenía yo el gusanillo de probarme en tan exigente plaza. No obstante, mis menguados entrenamientos veraniegos, mi poca mesura al comer y beber durante la larga canícula, y el más elemental sentido común aconsejaban dejarlo para mejor ocasión. Pero, ay de mí, el sentido común no ha sido nunca mi fuerte, así tras alguna vacilación me inscribí en lo que habría de ser mi bautismo de fuego en la montaña (porque, como luego comprobé, mi participación en la media solidaria de Somosierra del año pasado, y que yo catalogaba como carrera de montaña, no fue más que un paseo por el campo). Este es el relato de lo vivido, sufrido y soñado entre las peñas de la Pedriza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;, parece susurrar el sinuoso cuerpo dormido de mi esposa cuando, después de dormir inusualmente bien para ser la víspera de una carrera, suena el despertador. Aún es noche cerrada, y me levanto de la cama con la ilusión de saber que hoy va a ser "uno de esos días". Realizo mis rituales acostumbrados y salgo de casa, no sin antes recoger de mi mujer un beso soñoliento y el acostumbrado “ten cuidado”, dos cosas sin las que no puedo irme a una carrera… ni a ningún sitio. El alba va ganándole la batalla a las sombras durante el viaje, y cuando aparco en Canto Cochino, el sol de la mañana ya ilumina las pétreas alturas de la Pedriza. El paisaje es espectacular, pero al mirar a lo alto un escalofrío me recorre de arriba abajo al pensar en como voy a subir mi corpachón hasta allí. Será el frescor de la mañana. He llegado muy temprano, para variar, así que paseo arriba y abajo, recojo el dorsal, y contemplo a los corredores que van llegando. Son otra especie. Cuerpos enjutos, rostros morenos y afilados, piernas duras como las piedras sobre las que saltaran con caprina agilidad dentro de unas horas. Me siento un poco fuera de lugar, y por primera vez pienso “dónde me he metido”; no será la última. Por eso me alegra ver aparecer a Jesús, alguien más “normal”, si se puede calificar así a un superviviente del &lt;a href="http://www.maratonalpino.com/MAM2009/Index.htm"&gt;MAM&lt;/a&gt;, y que ya cuenta en las muescas de su revólver con la marca de haber hecho esta prueba el año pasado, con el mismo &lt;a href="http://penalara.org/carreras/crosspedriza/mapas-y-perfil/"&gt;recorrido&lt;/a&gt; que este, pero en sentido inverso. Nos saludamos y me presenta a Marina, hermana de la Correpoco Paloma, a la que al final una inoportuna contractura ha ¿librado? impedido correr hoy. Les acompaño a recoger sus dorsales, y pronto volvemos al aparcamiento, porque en una pizarra delante del bar, unas simples palabras ejercen una extraña fascinación sobre nosotros: “hay churros y porras”. No necesitamos más para adentrarnos en el local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;. Apetitoso y juguetón nos llama el montón de porras calentitas, así que a pesar de que queda media hora escasa para que den la salida y los corredores de verdad ya están calentando, nosotros optamos por el calentamiento interno que nos proporcionan unos churritos y porras bañados en café con leche. Con el estómago lleno y el espíritu reconfortado, vamos hacia la zona de salida. Nos encontramos a &lt;a href="http://guiasdetrail.blog.com.es/"&gt;David&lt;/a&gt;, mi profe en el curso de correr por montaña, que manifiesta serias dudas sobre nuestra capacidad de completar la prueba. No conoce a los paquetes. Al pasar el control de dorsales, me doy cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Esto va en serio, y noto esos nervios especiales en la boca del estómago que preceden a las grandes ocasiones. Pequeña charla técnica sobre lo que nos vamos a encontrar, y ale, pocos minutos después de las 10 de la mañana, ya estamos en camino. Los primeros metros son una fiesta. Risas, bromas, ánimos… y además cuesta abajo, corremos tranquilamente entre los pinos hasta llegar al punto más bajo de la carrera, Los Barracones (1023 m.), cruzando el aprendiz de río que nunca deja de ser el Manzanares. Aquí, pequeño atasco: hay que pararse. Aprovechamos para volver a bromear con que “esto nos corta el ritmo”, pero en seguida nos plantamos frente a la pared del Yelmo, que se alza ante nosotros dura e imponente. Pronto dejan de oírse las alegres voces de los corredores, solo sus jadeos y respiraciones agitadas se entrecruzan con el sonido de las pisadas de decenas de pies, trepando con esfuerzo y decisión. Sudo a chorros, y siento como el corazón late desbocado mientras ganamos altura metro a metro, en una subida que no parece terminar nunca. Por fin llegamos a la pradera del Yelmo (1570 m.), hemos salvado más de 500 metros de desnivel, pero esto no ha hecho más que empezar. Bebemos un poco de agua, saludamos a unos preciosos caballos, y echamos un vistazo al imponente Yelmo, resto de la coraza de algún gigante. Ahora toca bajar hacia el collado de la Dehesilla, saltando entre rocas que a veces precisan de nuestras cuatro extremidades (y a veces de la &lt;em&gt;quinta extremidad&lt;/em&gt;, más conocida como el culete). En la bajada Jesús empieza a mostrarnos ese talento innato que tiene en los descensos (fuerza de la gravedad, lo llama él), y casi sin esfuerzo se separa de Marina y de mí, aunque siempre se para a esperarnos. Pronto la bajada termina, y frente a nosotros una inmensidad de roca marca el camino de subida hacia el Collado de la Ventana. &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5390492675370468642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Ss7ghzfNRSI/AAAAAAAAADg/AWZiIO6BiJE/s400/DSC05487.JPG" border="0" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:78%;"&gt;Subida al Yelmo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;. Si las piedras hablaran esto es lo que dirían, la pétrea y descarnada belleza del paisaje atrae nuestras miradas como las sirenas a los marinos, aprovechamos los momentos en los que un paso difícil nos obliga a detenernos para mirar a nuestro alrededor, respirar este aire de cristal y sentir bajo nuestras manos como las piedras palpitan al ritmo de nuestro corazón. Ahora trepando, ahora agarrándonos a un árbol, luego arrastrándonos bajo una roca, después cogiendo una mano tendida para salvar un obstáculo, y al momento siguiente tendiéndola tú mismo al corredor que te sigue, hermanados todos en nuestra pequeñez frente a la inmensidad de la montaña. El esfuerzo es agónico, se hace eterno, pero al fin llegamos al Collado de la Ventana (1784 m.), primer avituallamiento sólido: higos, pasas, barritas de chocolate, agua, isotónico... y la eterna sonrisa de los voluntarios, siempre dispuestos a ayudar, a rellenarte el vaso, a darte una palabra de ánimo... nunca se les dice GRACIAS lo suficiente. Pero hay que seguir, siempre hacia arriba, siempre adelante, las Torres nos esperan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;, es el susurro lánguido y sensual de algo imposible en esas alturas, un picardías de leve encaje rojo que dos pícaras y guasonas voluntarias, guardianas de la cueva que da acceso a la subida a las Torres, han colocado frente a ella para que los corredores, por un momento, dejemos a la imaginación subir otros montes y acariciar otras cimas, y pintar una sonrisa en nuestros ya cansados rostros. Pasamos la cueva, se inicia un subibaja por los riscos que acaba por llevarnos, por un paisaje de dolorosa hermosura, al techo de la carrera: Las Torres de La Pedriza (1990 m.) A partir de este momento, se inicia una larguísima bajada, atravesando roquedos, serpenteando por intrincados bosques, pero lejos de ser un descanso, el descenso es un castigo para nuestras machacadas piernas. Nos cruzamos con excursionistas que nos aplauden y animan, algunos con esa sonrisa que se dirige a los niños cuando les ves hacer travesuras. La &lt;em&gt;fuerza de la gravedad&lt;/em&gt; hace que Jesús se vaya separando de nosotros, y pronto le perdemos de vista. Ya no volveré a verle hasta la meta. Aguanto el ritmo de Marina, su menudo cuerpo salta con agilidad entre las peñas, aguanto a duras penas con ella hasta Los Llanos (1.420 m.), último avituallamiento de la carrera, a 5 km. (¡todavía!) de la meta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5390491871091144130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Ss7fy_UEtcI/AAAAAAAAADY/wMpWf8jp91Q/s400/DSCN9641.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Jesús abre camino, Marina le escolta y Jorge (detrás del de verde) les sigue.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;. Con un gesto, Marina me indica que se va a poner en marcha y que me vaya con ella, pero le digo que no, tengo mucha sed y quiero beber un poco más, y reposar un par de minutos. Así que se marcha. Como un poco, bebo, y por fin arranco a correr a través del bosque. Sólo. Ni delante ni detrás veo corredores. Que sensación tan maravillosa, estar ahí, solo mis zapatillas entre el bosque y yo. Nada más. Sólo las marcas anudadas en las ramas de los árboles me indican el camino, que sigo sin dificultad. Llevo buen ritmo, el breve descanso y el agua me han sentado bien, y por fin alcanzo algunos corredores. Les sobrepaso, haciendo quizá un alarde de fuerzas excesivo, que pagaré más tarde, pero voy buscando acercarme a Marina y eso me hace forzar un poquito. Pero la bajada termina, y con la misma brusquedad que ha terminado, se inicia la subida al Collado Cabrón (nombre gráfico y descriptivo). A estas alturas, resulta una auténtica pared. A duras penas, sintiendo temblar mis piernas a cada paso, asciendo metro a metro el collado. Veo apenas cien metros delante de mí a Marina, pero podrían ser cien kilómetros. Me es imposible recortar la distancia, y por si fuera poco la sed empieza a atormentarme. Me concentro tan solo en dar el siguiente paso, y luego otro más. A pesar de todo adelanto a algún corredor, aún más &lt;em&gt;maduro&lt;/em&gt; que yo. Y por fin, la cima del Cabrón, o la cabrona de la cima (1303 m.). El voluntario que está alli nos canta el kilómetro 18. Mentira piadosa y bienintencionada, pero que me hará calcular mal lo que falta, pienso que es poco más de kilómetro y medio cuando es casi el doble, lo que me llevará a agotar mis menguadísimas fuerzas en la bajada del Collado antes de tiempo, en pos de una meta que no parece llegar nunca. Las piernas apenas me sostienen, doy un par de tropezones que están a punto de dar con mis huesos en el suelo, la sed me enloquece, y no veo más que cintas de colores, una tras otra, en una senda sin fin a través del bosque. Estoy física y sicológicamente machacado. La más mínima subida me hace pararme y echar a andar, no soy capaz de seguir corriendo. A mi derecha, las aguas cantarinas del Manzanares me llaman, pienso hasta en bajar al río y beber, pero me obligo a seguir adelante, solo quiero terminar, terminar de una vez. Oigo tras de mí los pasos de un corredor, me vuelvo y veo que es una chica (dorsal 87, &lt;strong&gt;Eufemia Aparicio&lt;/strong&gt;) que avanza a buen ritmo, cuando me adelanta le digo con lengua de trapo unas palabras de ánimo "vamos chica, que vas muy bien".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5390275128309859250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Ss4aq5iIQ7I/AAAAAAAAADQ/heJvSRY7oPM/s400/DSC05457.JPG" border="0" /&gt; &lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Eufemia calentando, mientras "otros" comían churros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;"&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;" me responde. Y me voy con ella, como un náufrago se agarraría a una tabla en mitad del mar. Me siento a punto de desplomarme, pero obligo a los doloridos pingajos que tengo por piernas a correr tras ella, a duras penas soportando su ritmo. Cruzamos el puente sobre el río, atravesamos el parking, ya estamos sobre la carretera, el arco de meta frente a nosotros, por fin, por fin, se acabó, 3:59, qué más da, ni paro el reloj, apenas alcanzo a estrechar la mano de Eufemia y farfullar un "gracias" que me sale de lo más hondo del corazón, en seguida veo a Jesús (que ha terminado en un estupendo 3:53:58), le saludo pero solo quiero beber, me indica dónde puedo recoger la bolsa, y por fin puedo llevarme agua a mis resecos labios. Gracias a Dios. Pronto veo a Marina (magnífica, 3:54:50), y a mi "profe" David, un tanto incrédulo al verme en la meta, pero orgulloso al mismo tiempo, me felicita sinceramente por lo que he conseguido. Yo no seré consciente de ello hasta un buen rato después, frente a unas bien ganadas cervezas compartidas con Jesús y Marina, y sobre todo cuando, a la hora de irme a casa, suba al coche y eche una última ojeada a esa fortaleza de granito que es La pedriza. Algo de mí se ha quedado entre esas rocas. Algo que tira de mí con fuerza inaudita, y que quizá haga que el año que viene te mire a los ojos, a tí que me lees, y te diga:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vente conmigo&lt;/em&gt;. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-7229051731820796254?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/7229051731820796254/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/10/vente-conmigo.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/7229051731820796254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/7229051731820796254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/10/vente-conmigo.html' title='Vente conmigo'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Ss7ghzfNRSI/AAAAAAAAADg/AWZiIO6BiJE/s72-c/DSC05487.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-7463100012455539946</id><published>2009-09-16T14:46:00.008+02:00</published><updated>2009-09-17T11:35:12.823+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><title type='text'>Decíamos ayer...</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SrDebeMQ60I/AAAAAAAAACg/4AR5qQu01Og/s1600-h/cartel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5382046118250081090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 229px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SrDebeMQ60I/AAAAAAAAACg/4AR5qQu01Og/s320/cartel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Bueno, mentira podrida, de ayer nada, que ya ha llovido (aunque poco) desde la última vez que deje resbalar entre los dedos unas cuantas palabras en este rincón. El polvo y las telarañas se han enseñoreado de las andanzas del corredor de la fruta, sin que hayan encontrado acomodo eventos tan señalados como la Travesía de las Cumbres Escurialenses, que bien habría merecido una narración si las circunstancias lo hubieran permitido. Pero como me dijeron una vez: “Si tiene remedio, quejarse no sirve de nada. Y si no tiene remedio, quejarse sigue sin servir de nada”. Pues eso, menos quejidos y pongamos remedio al triste abandono del blog, y qué mejor modo que, después de haber quitado un poco el polvo, colgando el primer ladrillo de la temporada: mi participación en la Senda de los Frailes, en Sebúlcor (Segovia).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sebúlcor. Nombre de resonancias poderosas, organizador de una curiosa carrera por las hoces del Duratón, de la que no hubiera tenido noticia de no ser por uno de los últimos fichajes de la paquetería, &lt;strong&gt;Malaika&lt;/strong&gt;, que nos anunció en el &lt;a href="http://www.elatleta.com/foro/forum.asp?FORUM_ID=1"&gt;foro&lt;/a&gt; la existencia de esta prueba. Desde ese día la tuve en mente, pero por unas cosas y otras fui posponiendo la inscripción, y cuando quise apuntarme ya no quedaban dorsales. Chasco. Pero la chica que me atendió al teléfono me dijo que podía intentar pasarme por la salida, a ver si en el último momento quedaba algún dorsal libre. Así que después de no pocas dudas, finalmente me decido a hacer esto. Preparo los arreos, me despido de la familia (a la que no conseguí engañar para que me acompañara), y me pongo en camino hacia Sebúlcor, esperando que el destino me depare un dorsal de última hora. Ciento cuarenta kilómetros después, aparco a las afueras del pueblo, unos minutos antes de las seis de la tarde. Ya se ve algún que otro romano paseando por el pueblo, bolsa de corredor al brazo. Y no se si es un presagio de buen o &lt;em&gt;kun&lt;/em&gt; agüero, pero en cuanto pongo los pies fuera del coche, empiezan a caer gotas de lluvia. Como es poca cosa, paseo tranquilamente bajo la lluvia en dirección a la Plaza Mayor, donde se entregan los dorsales. Pero a mitad de camino, la “poca cosa” se ha transformado en un aguacero de respetables dimensiones, que me obliga a buscar refugio bajo un toldo, donde entablo conversación con una lugareña, muy contenta de ver llover. “Esto es bueno para la carrera”, me dice. Pero yo me veo atrapado bajo el toldo, sin poder ir a negociar/suplicar/pedir por caridad mi anhelado dorsal, so pena de empaparme de pies a cabeza, y maldiciendo mi mala estampa. Así que en cuanto parece que las nubes toman un poco de aliento, me voy corriendo hacia la plaza. Curiosa estampa la que ofrece la plaza vacía, pero con todos los soportales, balcones y toldos llenos de tipos en pantalón corto y camisetas de tirantes, apretujados los unos con los otros para evitar la remojadura. Afortunadamente, la entrega de dorsales es bajo techado, así que pongo mi mejor carita de pena y pregunto si queda algún dorsal. “Alguno quedará al final” me responde el amable voluntario, “¿Estás apuntado en la lista de espera?” ¿Lista de espera? Joer, ni que esto fuera la Seguridad Social. Pues no, claro que no, yo cuando hago las cosas mal no dejo cabos sueltos, así que el voluntario me apunta con el número 11 en la lista de suplicantes, que tendremos que rezar y hacer penitencia (no en vano ésta es la senda de los frailes) hasta 10 minutos antes de la salida para que queden suficientes dorsales sin recoger para nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo de nuevo a la plaza, ya ha escampado y ahora sí que hay ambientillo de carreras. Los corredores han salido de sus cubiles, guaridas y madrigueras, y sus alegres corrillos, sus animadas charlas y sus nerviosos trotes de calentamiento se adueñan de la plaza. Miro con mal disimulada envidia sus dorsales prendidos en el pecho, mientras espero que pasen los minutos lentamente, sin perder de vista el menguante montón de dorsales que aún esperan ser recogidos por sus dueños. Finalmente, a las seis y veinte, empieza el reparto de las sobras. Y me toca, dorsal 1.182. Pago mis diez euritos, y me dan la bolsa del corredor (camiseta, un jabón de sosa y folletos de propaganda) ¡Pero si quedan 5 minutos para la salida, y tengo el coche a tomar por…! Pues hala, calentamiento “de calidad”. Voy enciscao hasta el coche, dejo la bolsa, me envaselino las tetillas, y vuelta a todo correr hasta la Plaza. Vaya calentón, es la última vez que me apunto a una carrera a última hora. Mientras lo pienso, un prohombre de la localidad, megáfono en mano, nos da la salida a toque de campana. ¡A correr! Salgo en las últimas posiciones, y me tomo con toda la calma del mundo los primeros metros. Aún así, me trastabillo con el pie de otro corredor (al que acompaña una guapa morena) y casi doy con mis dientes sobre el pavimento de Sebúlcor. Me pongo un ritmo tranquilo, después del verano mi forma es así como fondoncilla, y como aunque he visto el perfil de la carrera, desconozco si las previstas cuestas me harán mucho daño, prefiero ir reservando. Además, no hace ni tres hora que me estaba comiendo en casa un cocido madrileño como mandan los cánones, de tres vuelcos (dieta de atleta, ya sabéis), y me noto francamente pesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto salimos del pueblo, por un camino de tierra con bastante piedra suelta, incómodo para correr, pero el ir rodeado de pinos y de corredores, luciendo el deseado dorsal en el pecho, es más de lo que podría desear. A un ritmo de 5’15”-5’20” van cayendo los primeros kilómetros, perfectamente marcados con grandes carteles. Sobre el 3, primer avituallamiento acuático. Hace algo de calorcillo, porque la breve tormenta que descargó sobre el pueblo apenas ha refrescado el ambiente, y los últimos coletazos del Sol de Septiembre se dejan caer sobre los atletas (y sobre mí también), así que el agua es bien recibida. Me sobrepasa la chica morena que acompañaba a mi &lt;em&gt;tropiezo&lt;/em&gt; de la salida, al que ya ha dejado atrás; hace unos cuantos años me habría fijado en ella por otros motivos, pero ahora observo y aprecio su elegante zancada. Quién me ha visto y quién me ve. Pronto el camino se convierte en un estrecho y pedregoso sendero (agradezco haberme traído las Trabucco) donde ya solo se puede correr en fila india entre los pinos, envueltos en aromas de tomillo y romero. Vamos, igualito que correr la Melonera (u otras). No hay pérdida, el trazado está perfectamente señalizado, y muchos voluntarios (algunos de ellos ataviados con un pintoresco hábito marrón) nos guían y animan. Da gusto. Adelanto a la guapa morena de la zancada elegante y a un par de corredores, bajo una pequeña cuesta, y casi por sorpresa la hoz del Duratón se abre ante mí. Es grandiosa. Hay que correr por un senderillo que sigue el borde de la hoz, y es difícil concentrarse en no tropezar con las piedras, la vista se va irremediablemente a la roca horadada por el agua con paciencia de siglos. Me dan ganas de pararme y disfrutar el paisaje, pero eso quedará para otra ocasión. Pronto, mientras la mirada se regocija en la contemplación del Convento de la Hoz, allá abajo junto al río, llego al kilómetro seis, el ecuador de la prueba, en unos 31 minutos. Voy tranquilito, y salvo por un insistente dolorcillo en el glúteo que me mortifica últimamente, y la pesadez intestinal motivada por los garbanzos, las sensaciones no son malas. Toca girar y subir una cuesta corta pero empinadísima, dando la espalda definitivamente a la Hoz.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5382320464817759362" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 214px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SrHX8izHJII/AAAAAAAAACw/jnl2YlasRr8/s320/IMG_7525.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Fray Pardi subiendo la cuesta. Amén.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;Aunque el terreno a ratos pica para arriba, poco a poco voy subiendo el ritmo, no gran cosa porque no está el horno para bollería fina, pero lo suficiente para ir cobrando piezas (algunas de caza mayor). Pero también yo estoy en algún punto de mira. Oigo detrás de mi una respiración rítmica y jadeante, y unos pasos breves pero seguros que van acortando centímetro a centímetro la distancia conmigo. Por fin me adelanta: es ella de nuevo, su zancada, además de elegante, es efectiva, porque poco a poco pone metros entre su negra coleta y yo. Intento mantener la distancia, y lo consigo, pero eso me lleva a subir el ritmo otro poquito. Diez metros tras ella, a su estela, vamos adelantando algunos corredores, y los kilómetros van cayendo. Ocho, nueve... Delante de nosotros aparece otra chica, y la corredora morena va claramente a cazarla, cosa que consigue sobre el 10. Pero aquí me da una pequeña crisis, quizá he forzado demasiado, quizá no debería haber repetido garbanzos... el caso es que no tengo ganas de sufrir y aflojo un poquito, lo suficiente para no sobrepasar a la segunda chica y ver como la morena guapa (a la que le cantan que es la novena chica) se me va cada vez más lejos. Ya sabía yo que lo nuestro era imposible, una chica elegante y un paquete garbancero no casan bien. Llego al kilómetro 11, solo queda uno, parece que me he recuperado y el olorcillo a meta ya se va notando, y poco a poco voy acelerando, y cuando calculo que quedan menos de 500 metros me digo "venga, a darlo todo". Paso a un par de corredores, paso a la otra chica, y veo como voy acortando la distancia con la elegante, aunque sin posibilidad de cogerla (no en el sentido mejicano del termino). Último recodo, media docena de chiquillos apostados allí extienden sus manos alegremente para chocarlas con los corredores, no les decepciono a costa de ceder algo de ritmo, pero francamente me alimenta más este jugueteo con los críos que un segundo de más o de menos. Los últimos metros son sobre la blanda hierba del campo de fútbol, donde un nutrido público nos aplaude y anima. Entro en meta finalmente en 1:00:07 (esto lo veré después en la clasificación, pues haciendo gala de paquetismo no paré el reloj en meta). Me tomo una raja de sandia y un aquarius feliz y contento, estiro, y consigo localizar y saludar a &lt;strong&gt;Malaika&lt;/strong&gt;, compartiendo con él una breve y agradable charla antes de salir disparado para Rivas, que tenemos que llevar a las niñas a las Fiestas.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;En resumen, una muy recomendable carrera, que no hace sino reafirmar mi cada vez mayor gusto por esas pequeñas grandes carreras que salpican los pueblos de nuestra geografía, que demuestran que cuando los medios son escasos, el empeño y el cariño al hacer las cosas son el mejor remedio para vencer cualquier obstáculo. Y en lo personal, ya estoy de vuelta (como atleta y como ladrillero) Temblad... ;-)&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-7463100012455539946?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/7463100012455539946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/09/deciamos-ayer.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/7463100012455539946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/7463100012455539946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/09/deciamos-ayer.html' title='Decíamos ayer...'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SrDebeMQ60I/AAAAAAAAACg/4AR5qQu01Og/s72-c/cartel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-8913093725527808591</id><published>2009-06-19T14:49:00.007+02:00</published><updated>2009-06-20T00:16:32.847+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Montaña'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Romance de los Montañeros</title><content type='html'>&lt;em&gt;Que por Junio, es por Junio,&lt;br /&gt;Cuando hace la calor,&lt;br /&gt;Cuando los trigos encañan,&lt;br /&gt;Y están los campos en flor,&lt;br /&gt;Cuando los enamorados,&lt;br /&gt;Van a servir al amor…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Pero vos, alegres paquetes,&lt;br /&gt;Vais a correr una Maratón.&lt;br /&gt;Y de montaña, nada menos;&lt;br /&gt;Pero una montaña de ilusión,&lt;br /&gt;Que estas cumbres se suben&lt;br /&gt;A fuerza de corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el primer calor del Sol,&lt;br /&gt;Se parte de Cercedilla,&lt;br /&gt;Cargados de hidratos y agua,&lt;br /&gt;A hora muy tempranilla.&lt;br /&gt;¡Qué alegría en el trote,&lt;br /&gt;Devorando milla tras milla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La senda se va empinando,&lt;br /&gt;Camino de Navacerrada.&lt;br /&gt;Esto ya no es ninguna broma,&lt;br /&gt;Se ve gente acalorada;&lt;br /&gt;Más los paquetes, ilusión pura,&lt;br /&gt;Mantienen alegre zancada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre un cielo azúl añil,&lt;br /&gt;La Bola del Mundo aparece,&lt;br /&gt;Aspen encabeza el grupo,&lt;br /&gt;Zerolito sigue en sus trece,&lt;br /&gt;Y Gebre, incansable el maestro,&lt;br /&gt;Sube y sube, y no desfallece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Descanso para las piernas!&lt;br /&gt;Bajar la Loma del Noruego,&lt;br /&gt;Más de quince son los kilómetros,&lt;br /&gt;Esto ya no es ningún juego.&lt;br /&gt;Y llegando a Cotos por vez primera,&lt;br /&gt;El Sol empieza a mandar fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A subir otra vez tocan,&lt;br /&gt;Por Peña Cítores el collado,&lt;br /&gt;Camino del techo del MAM.&lt;br /&gt;Último tramo, con cuidado,&lt;br /&gt;Y se corona el Peñalara:&lt;br /&gt;Medio Maratón han completado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A bajar a Cotos de nuevo,&lt;br /&gt;Por Dos Hermanas con mucho tino,&lt;br /&gt;Saltando y corriendo con decisión.&lt;br /&gt;Al llegar a la Venta de Marcelino&lt;br /&gt;Un Señor Oscuro les espera&lt;br /&gt;Cerveza en mano, junto al camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay, amigos, difícil decisión es ésta!&lt;br /&gt;Es el momento de la verdad.&lt;br /&gt;Las dudas asaltan, los miedos.&lt;br /&gt;¿Se romperá la Comunidad?&lt;br /&gt;No creo, pues somos paquetes,&lt;br /&gt;Y esta es una noble hermandad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí siguen, los tres montañeros.&lt;br /&gt;Es la hora de los valientes.&lt;br /&gt;De subir a Cabezas por los Tubos,&lt;br /&gt;De ascender imposibles pendientes,&lt;br /&gt;De superar piedra a piedra, sin fin,&lt;br /&gt;De hacer sufrir cuerpos y mentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando lleguen a Cabezas,&lt;br /&gt;No hay cosa en los Tubos que espante…&lt;br /&gt;Toca seguir la Larga Cuerda,&lt;br /&gt;Que un día tendió aquí un gigante.&lt;br /&gt;La Bola del Mundo superan.&lt;br /&gt;Vamos hobbits, siempre adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá en Cercedilla la meta espera.&lt;br /&gt;Y la espera no es en vano.&lt;br /&gt;Antes de que den las cuatro,&lt;br /&gt;ven llegar al primer hermano.&lt;br /&gt;Zancada fácil, sonrisa abierta:&lt;br /&gt;Es Legolaspen, el toledano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ha pasado ni media hora,&lt;br /&gt;Y aquí llega el segundo campeón,&lt;br /&gt;vencedor del Guadarrama,&lt;br /&gt;Puro coraje, lágrimas de emoción.&lt;br /&gt;No hay un hombre más feliz:&lt;br /&gt;En persona, Zerolo-Bolsón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo vuela, son casi las cinco.&lt;br /&gt;El Sol camina hacia ese risco.&lt;br /&gt;Más,¿quién asoma tras de esa loma?&lt;br /&gt;Por favor, dazme un pellizco,&lt;br /&gt;Que o veo llegar al gran Velayos,&lt;br /&gt;O es que me estoy quedando bizco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Supervivientes por fin!&lt;br /&gt;¡Conseguida está la proeza!&lt;br /&gt;Pero estos son héroes sencillos,&lt;br /&gt;hombres de una sola pieza,&lt;br /&gt;Y no se les caerán los anillos...&lt;br /&gt;Cuando al fin, beban una cerveza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-8913093725527808591?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/8913093725527808591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/06/romance-de-los-montaneros.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8913093725527808591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8913093725527808591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/06/romance-de-los-montaneros.html' title='Romance de los Montañeros'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-3878817810862604996</id><published>2009-06-15T22:40:00.008+02:00</published><updated>2009-06-16T15:01:57.301+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><title type='text'>Ancha es Castilla</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Sjdsqd4VK1I/AAAAAAAAACY/Ly1SWoO98fg/s1600-h/campos-de-castillaV_60x46.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347862559356955474" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 237px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Sjdsqd4VK1I/AAAAAAAAACY/Ly1SWoO98fg/s320/campos-de-castillaV_60x46.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Hola. Me llamo Luis. Ya sé que muchos no me conocéis, es normal, solo llevo 15 meses correteando por el mundo. Bueno, corretear no lo hago mucho aún, a no ser que mis papás me lleven en el carrito a toda mecha. Porque a mis papás seguro que si los conocéis, se llaman &lt;a href="http://cabesc.blogspot.com/"&gt;Iván&lt;/a&gt; y Ana, y son los papás que más molan en el mundo, me quieren mucho, me llevan a las carreras, y me van a regalar un hermanito. Esto me hace mucha ilusión, bueno, aunque me da un poquito de mieditis, pero tengo ganas de que Nito esté aquí (como no sé como se va a llamar yo le llamo Nito).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, como supondréis no se hablar, pero tenía ganas de contar como veo yo desde aquí abajo las carreras, y los corredores, y eso. Y como ayer he conocido un nuevo amigo, Jorge, le he pedido que me deje contarlo aquí. "Me viene fenomenal, porque solo he puesto el título y estoy un poco azúl..." ¿azúl? No, no dijo eso... ¡gandúl! Eso era. Pues ya está, pues os lo voy a contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que el día empieza como otro cualquiera. Abro los ojos, busco el chupete, que rico sabe, aunque me trae recuerdos de algo más rico todavía, pienso en mami y sonrío yo solo. Mis papás ya están vestidos, uh uh, veo a papi vestido de carrera, ¿saldremos hoy a correr al campo? Me encanta cuando me llevan en el carrito a las carreras. Me pongo un poco pesado para que me den de desayunar, y ya estamos en la calle. Es una calle que no conozco, las casitas son pequeñas, las calles también, y huele diferente. Esto debe ser lo que mis papis llaman "pueblo". Pues que bien. Y tenía yo razón, hoy hay carrera, porque empiezo a ver mucha gente vestida de colorines, con pantalones cortos, y con esas zapatillas molonas, yo de mayor quiero unas zapas así. Veo a una chica que empuja un carro como el mío... ¡espera! No es como el mío, ¡ese es doble! ¿Me llevaran papá y mamá en un carro así con Nito? Tiene que molar mazo. Parece que papá ha visto a sus amigos: son como los demás, pantalones cortos, camisetas cortas, zapas molonas y cara de ilusión. Hay dos que ya conocía, &lt;a href="http://www.elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com/"&gt;Carlos&lt;/a&gt; "guebre" y Carlos "darz veider" o algo así. Me gustan, me hacen cucamonas y yo les miro con los ojos muy abiertos. Hay uno nuevo, un tal Jorge, pardillete le llaman ¡que gracia! También va vestido de colores y tiene la cara llena de pelos. Y es grande, desde aquí abajo los mayores me parecen todos grandes, pero este es más todavía. Aún no sé si me gusta o no, esos pelos en la cara me dan un poco de miedo. Se ponen todos a charlar, yo paseo entre los corredores comiéndome una galleta, ya sé andar y quiero que se note. Me gustan los corredores, porque llevan ropa molona y porque antes de correr están todos riendo, charlando, y haciendo unas cosas muy raras y divertidas que ellos llaman &lt;em&gt;calentar&lt;/em&gt;. Se ponen a empujar una pared como locos, pero la pared no se mueve. O se agachan como si fueran a hacer &lt;em&gt;popó&lt;/em&gt;. También dan saltitos, o se cogen un pie con la mano y se quedan a la pata coja... yo no hago esas cosas, y eso que el niño soy yo. Vaya, mamá me coge en brazos, parece que van a empezar. Y se ve que hoy papi corre solo, no me va a llevar en el carrito, vaya. Mami mira a los corredores con un poquirritín de envidia, ella también corre, pero Nito no la deja, hasta que no salga de su tripita mami es sólo para mí. Mola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pum! ¡Que susto! Ya están todos corriendo como locos. Estoy con mami mirando a ver si veo a papi, ahí viene. Se para, y nos da besos a mami y a mí, me dice cosas y a mí me gusta. Ya se va. Mami me dice que vamos al coche para ir a ver a papi a otro sitio en la carrera. Vale. Salimos del pueblo, esperad, que me he aprendido el nombre: &lt;em&gt;Narrillos de San Leonardo&lt;/em&gt;. Vaya guasa. Al poco nos paramos en la carretera para que pasen los corredores, les veo desde el coche, ahí está papi, hola papi, me saluda con la mano, también van Jorge y los Carlos, todos me saludan y me sonríen. Sí, me gustan estos corredores, son gente maja. Poco serios, porque no van vestidos como la gente seria, pero majos. Seguimos en el coche hasta que mami se para, y me dice que nos bajamos, que vamos a esperar a papi. Mejor, no me gusta estar sentado mucho rato. Cojo mi galleta y vamos al borde de un camino por el que van pasando los corredores. ¡Que bien huele el campo! Estamos cerca de un sitio que se llama &lt;em&gt;Cardeñosa&lt;/em&gt;. Pasan los primeros, están muy flaquitos, me dan ganas de darles mi galleta. Puf, aunque está nublado hace bastante calor. Los pobres corredores sudan como pollitos. Siguen pasando, y ¡ahí viene papi! Va con el pardillete, me sonríe y saluda, como suda, los Carlos se han quedado un poquito más atrás, creo que dijeron que iban a salir despacio y luego aflojar, o algo así. Papi se para un rato conmigo, ¡que bien! Me besuquea y me dice cosas, y a mí me gusta. Ya se va con los Carlos, ¡ale! al coche otra vez. Ahora los corredores tienen que bajar a un riachuelo, ya me gustaría a mí meter los pies en el agua, pero a mami no le haría gracia. Tengo ganas de ser mayor para correr y pisar charcos como papá. Voy con mami en el coche hasta otro sitio, miro por la ventana, y veo campos y más campos, de color amarillo salpicados con el verde de las encinas, hasta donde llegan mis ojos, y a lo lejos se ven las casitas de los pueblos, y las torres de sus iglesias. Es bonito, parece un cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Nos paramos! Otra vez para abajo. Este pueblo se llama &lt;em&gt;Peñalba de Ávila&lt;/em&gt;. Vaya nombres difíciles que me estoy aprendiendo hoy. Vemos pasar corredores, ya no sonríen tanto como antes, alguno lleva mala carita. Pero no se paran, tienen la cabezota dura, los atletas. Ahí viene uno que conozco, es Jorge el pardillete, saluda a mami y a mí, aún tiene fuerzas para sonreír. Creo que ya no me dan tanto miedo los pelos que tiene en la cara. Mami espera ver llegar a papá, y se le alegra la cara cuando le ve, y a él cuando la ve a ella. Yo creo que se han hecho novios, y por eso va a venir Nito. Papi me besuquea otra vez, no se cansa ni yo tampoco. Dice que va a correr un poquito. Se despide y ale, otra vez al coche. Vaya mañanita que llevamos mami y yo, y Nito también pero él como va en la tripa tan chulito... Sobre todo mami venga arriba y abajo solo para ver a papi un segundo. Debe ser por esto que dicen que a los acompañantes habría que hacerles un momento... digo un &lt;em&gt;monumento&lt;/em&gt;. ¿Me harán también a mi un monumento? Porque hoy yo también soy acompañante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos cuesta abajo por la carretera y llegamos al último pueblo, donde acaba la carrera. &lt;em&gt;Gotarrendura&lt;/em&gt;, se llama este, anda que se quedó a gusto el que le puso el nombre. Aquí hay mucha gente que aplaude, y grita, y hasta una banda de música. Esto no se ve en todas las carreras, mola mazo. Los corredores van llegando, cansados pero felices. Algunos levantan las manos, otros se abrazan, otros ponen la cara muy seria, y todos, todos miran la hora cuando llegan a la meta, que manía tiene esta gente con el tiempo. Ahí llega Jorge, ha sudado la gota gorda pero se le ve llegar contento, saluda a mami y a mí, creo que ya somos amigos. Y ahí viene papi, ¡que bien! Me abraza y me besa, está mojado pero no me importa. Cruzo la meta con él de la mano, le hace ilusión. Vale, a mi también. Recoge una bolsa, un refresco, y fruta. ¡Y para mi también, me dan un trozo de sandía! Esta rica y fresquita, pero no suelto la galleta, para algo tengo dos manos. Esta carrera me ha gustado, por el campo y la sandía y ver a papi tantas veces y todo eso. Ya llegan los Carlos, llegan juntos, estos son de los que sonríen cuando cruzan la meta, y chocan las manos. Yo creo que a ellos también les ha gustado la carrera, se les ve a todos contentos. Estos corredores, cuanto más cansados llegan, más contentos están. Yo creo que no están muy bien de la cabeza, pero es que ellos son así. Y hay que quererlos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;¡Uuups! Aquí viene Jorge. Me dice no se qué de que los ladrillos son cosa suya, y que vaya terminando, que ya está bien. Así que hasta otra, a ver si me llevan con Nito en el carro adelantando a todo el mundo, que eso es lo que mola. Besitos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-3878817810862604996?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/3878817810862604996/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/06/ancha-es-castilla.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/3878817810862604996'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/3878817810862604996'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/06/ancha-es-castilla.html' title='Ancha es Castilla'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Sjdsqd4VK1I/AAAAAAAAACY/Ly1SWoO98fg/s72-c/campos-de-castillaV_60x46.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-8426265999542011181</id><published>2009-05-24T21:07:00.007+02:00</published><updated>2009-05-25T13:40:27.238+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Media Maratón'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jadraque'/><title type='text'>Viaje a la Alcarria</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Shmif1zpAsI/AAAAAAAAACQ/pkRSF-_yXbg/s1600-h/castillo_del_cid.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339477501127754434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 226px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Shmif1zpAsI/AAAAAAAAACQ/pkRSF-_yXbg/s320/castillo_del_cid.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Después de mi incomparecencia al chuletón/media maratón de Avila por causas de fuerza menor (la menor de mis hijas), tenía yo un run-run en las piernas pidiéndome guerra en forma de kilómetros. Mis piernas, por si no lo sabéis, son tan o más descerebradas que su propietario, porque a causa de la guerra contra los papilomas que me mortifica últimamente, mis entrenamientos en las últimas semanas son más o menos estos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Semana del 4-10 de mayo: dos salidas, 11k y 9k sin muchos alardes. Total 20k. El 10 de mayo, participo como acompañante en la Carrera de la Mujer (andando). 54’ para 6k.&lt;br /&gt;Semana del 11-17 de mayo: dos saliditas de unos 10k al tran-tran. Total 20k.&lt;br /&gt;Semana del 18-24 de mayo: una salidita miserable de 7k.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, 47k en tres semanas + 6k de paseo. Esto aconsejaría a cualquiera con un mínimo de materia gris en la sesera a no acometer empresas mayores de un diez mil, y a ritmo tranquilo. Desafortunadamente, cuando repartieron dicha materia yo debía estar correteando por el limbo, porque no ando muy sobrado. Sino no se explica que, en un impulsivo arrebato de inconsciencia, me apuntara a correr una Media Maratón, y además una con fama de durilla, la de Jadraque. Si además aderezamos esto con que cuatro días antes salía cojo de la consulta de la doctora que me trata los papilomas, con el talón en carne viva, la cosa ya es para declararme oficialmente incapacitado, o ingresarme en el siquiátrico (ambas alternativas sopesadas a día de hoy por mi Santa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que ya no hay remedio, así que el domingo tempranito, bien dormido, desayunado, evacuado, y pertrechado con los arreos propios del corredor dominguero, ya estoy camino de Jadraque. He venido preparado para la lluvia, lo cual es garantía casi segura de que no caerá una gota; sin embargo, algunos esquivos y juguetones chubascos me acompañan durante el camino. Hacía mucho tiempo que no me dejaba caer por esta zona de Guadalajara, que francamente merece una visita más sosegada que la que yo le estoy dedicando. La belleza de los paisajes, la sencillez de piedra de los pueblos, el verdor de los campos de cereal, en contraste con el rojo de la tierra, y toda la gama de grises que despliega el lluvioso cielo, regalan a mis ojos y a mi memoria un hermoso viaje. Por fin, tras una curva de la carretera, aparece, encaramado en lo alto del “cerro más perfecto del mundo” el castillo de Jadraque. Son aproximadamente las nueve y veinte de la mañana cuando aparco el coche frente al Restaurante Cuatro Caminos, lugar donde espero encontrarme con &lt;strong&gt;Aspen&lt;/strong&gt; y el &lt;strong&gt;Corredor del Cañamares&lt;/strong&gt; (Jose Luis), dos de los ilustres paquetes con los que hoy compartiré jornada. Mientras tomo un café con leche, aparece Jose Luis acompañado de sus primos Roberto y Javier, que también se van a enfrentar con la hermana pequeña de la maratoniana distancia. Saludos, presentaciones, charla… un placer, al cabo de un rato nos vamos a recoger el dorsal, nos vestimos de romanos y para la salida. Allí encontramos por fin a Aspen, bostezando y con cara de haber estado de juerga hasta las tantas (como nos confirmaron sus palabras). El plan está claro. Aspen saldrá tranquilo (eso dice), y según se vaya encontrando tirará para adelante. Yo saldré a ver como responde mi pie (aún duele un poco) y a ver hasta dónde me llegan las fuerzas. Y Jose Luis y sus primos tratarán de conseguir un nuevo trofeo para la paquetería: la tortuga de alabastro que esta carrera concede al corredor que pasa la meta en último lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el arco de salida nos agrupamos no más de un centenar de atletas. Casi todo el mundo se saluda, se conoce. Me encanta el ambiente de estas carreras, lejos de las masificaciones de las grandes carreras de Madrid. Es un lujo que, nada más darse el petardazo de salida (previa advertencia de la maternal “speaker” para que no nos asustemos), uno pueda correr tranquilamente, sin esperas, apreturas ni empujones. Yo salgo muy alegre (demasiado, probablemente), tengo “mono” de correr y le doy rienda suelta. Pero los primeros kilómetros callejeando por Jadraque no son precisamente plácidos. Continuas subidas y bajadas hacen que llegue al km. 3 un poco pasado de vueltas, y con el pie haciendo notar que está ahí. Así que estabilizo un poco mi ritmo, y tiramos hacia fuera de la población, a tomar la carretera que nos llevará hacia la cercana localidad de Membrillera. Paso el 5 en 23’40”. Por aquí el poco nutrido pelotón ya circula completamente estirado, apenas se ven grupos de tres o cuatro corredores como mucho. Pronto me encuentro corriendo solo, entre los verdes sembrados, disfrutando del placer de correr. Y del sol, que empieza a asomar entre las nubes para tomar parte en la fiesta; pero el sol de Mayo ya pega de lo lindo, así que empiezo a pasar calor, y a sudar como un gorrinillo en día de matanza. De vez en cuando, una nube caritativa oculta la cara al Lorenzo, lo que mi recalentado organismo agradece. Al final de una prolongada cuesta abajo, soy adelantado por un corredor sin camiseta, que debe estar pasando tanto o más calor que yo. De aquí hasta meta, mantendremos un bonito duelo, que terminará… para saberlo habrá que leer hasta el final ;-)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las cercanías de Membrillera, paso el kilómetro 10, 48 minutos justos. Voy bien, algo acalorado, pero las piernas responden, el pie se queja pero no grita, así que sigo matando al papiloma a pisotones, como me dijo &lt;strong&gt;&lt;a href="http://elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com/"&gt;Gebre&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; ;-). Y hablando de pisotones, oigo detrás de mí las pisadas de otro corredor que, a un ritmo sensiblemente superior al mío, se me echa encima, finalmente me alcanza y me dice “¿Dónde has dejado las peras?” Es Aspen, que parece que se ha sacudido la modorra resacosa que exhibía en la salida, y trota a mi lado con insultante ligereza. Charlamos un poquito, y compartimos un kilómetro, en el que veo como recortamos notablemente los metros que me llevaba el corredor sin camiseta, a la misma velocidad que se acelera mi respiración; no hay que ser muy listo para darse cuenta de que para seguir el ritmo de Aspen estoy forzando mi poco engrasada maquinaria. Así que, a la vista del cartel del km. 11, le digo a Aspen “si quieres tirar para adelante…”, que es la forma educada entre corredores de decir “voy follao; me llevas con el gancho, así que tira y déjame solo con mis miserias”. Aspen no se hace de rogar, se despide y acelera, poniendo rápidamente metros entre él y yo. Le mantendré en la visual por poco tiempo. El caso es que, con la inercia del acelerón de Aspen, adelanto al corredor sin camiseta entrando a Membrillera. Agua, aplausos de los ¿membrilleros? ¿membrillenses? ¿membrillos?, y salimos del pueblo, tomando de nuevo la carretera de vuelta a Jadraque. Un espectador me dice “¡Venga, que solo os queda la cuesta!” y acto seguido se ríe con maldad, el muy… Y es que ahora viene lo bueno. De entrada, una cuesta hasta el km. 15, bajo un sol cada vez más insistente, que va elevando la temperatura ambiental y corporal. Paso el 15 en 1:12:30, mantengo un ritmo muy constante, pero en algún recóndito lugar de mi cuerpo, la aguja del combustible está llegando a cero. Y lo noto, conozco esta sensación de “se acabó”, tomo conciencia dolorosamente de que, a día de hoy, 21 kilómetros son mucho arroz para tan poco pollo, y que voy a sudar tinta para llegar. Y para arreglar las cosas, la carretera vuelve a empinarse. ¿En qué momento esta preciosa carretera, que serpentea entre verdes trigales y rojizos bancales, bajo la vigilante mirada del Castillo del Cid, se ha transformado simple y llanamente en una puta cuesta? “Jorge, baja el ritmo que no llegas”. Kilómetro 17, esto no se acaba, pero ya solo quedan cuatro. La subida se me hace interminable, mil pensamientos negativos vienen a mi cabeza, los espanto a golpes de voluntad y cabezonería. Intento “engancharme” a dos corredores que me preceden, 50 metros delante de mí. Uno de ellos se para y camina, la jodimos, ver puesto en práctica lo que mi cabeza lleva rato rumiando. “Párate y anda un rato”. “Pero cómo me voy a parar a 3 kilómetros y pico de meta, ¿estás tonto? ¿es que quieres ‘desprestigiar’ la carrera?” Y así una y otra vez, el pie duele bastante machaconamente, pero es mi recalentado y exhausto corpachón el que me lastra carretera arriba. Paso el 18, ya llegamos a la rotonda que da acceso a Jadraque, la cuesta se está acabando. Me adelanta una chica, acompañada de un chaval de su club, pero es ella la que va tirando, con buen ritmo y estilo. Y poco después el corredor sin camiseta, al que pasé en Membrillera, me da alcance y me sobrepasa. No hago ni amago de aguantar el ritmo a ninguno de estos, me contento, mientras callejeamos por Jadraque, con que la distancia no aumente demasiado. A ello ayudan, por fin, las cuestas abajo. 19, 20… venga, menos de un kilómetro, esto está hecho, solo pienso en llegar y en beber, estoy seco. A medio kilómetro de meta veo a Aspen, más fresco que una lechuga (al final se ha cascado la media en 1:36), me saluda y anima, sólo acierto a decir “¡estoy muerto!” pero no, los muertos descansan y a mí me faltan aún 500 metros, hay que bordear el parque donde está la meta, última cuesta arriba que se agarra a las piernas, ¡Dios como se agarra!, veo al corredor sin camiseta unos metros delante de mi, si esto fuera una película ahora yo sacaría fuerzas de flaqueza para acelerar y sobrepasarle sobre la línea de meta. Pero para ver pelis, al cine. No tengo fuerzas para nada, ni para sacarlas de la flaqueza, ni de ningún otro sitio. No puedo con mi alma, sigo corriendo porque, malo, desentrenado y paquete, soy un corredor, y si me cortaran la cabeza seguiría corriendo, como las gallinas, hasta la línea de meta. Por fin, la locutora canta mi número, el 518, la gente me aplaude, levanto el puño derecho y llego. 1:44:28 por mi reloj. Estoy destrozado, recojo la camiseta y la bolsa como un sonámbulo. El corredor sin camiseta me estrecha la mano y me dice sonriente “¡muy bien!”. Creo que le contesto lo mismo, y le devuelvo una sonrisa, que me temo habrá parecido una mueca en mi demacrado rostro. Enloquecido de sed, hurgo en la bolsa buscando algo que beber. Agua, Trina, una naranja. Sentado al borde del camino, sintiendo palpitar desbocado mi corazón – y mi pie – trato de recuperar el resuello. Al cabo de un rato, me levanto, ante la dolorosa protesta de mis embotadas piernas, y camino hasta la meta, para ver llegar al Corredor del Cañamares y sus primos. Estos últimos llegan con mala cara, pero llegan. Jose Luis acompaña a uno de ellos, y ambos dos tienen el honor de cerrar la carrera. La tortuga (este año elefante) de alabastro es suya, y Jose Luis la exhibirá orgullosamente (junto con la bufanda del Barça) en el bar donde, delante de unas bien ganadas cervezas, olvidaremos el sufrimiento y recordaremos que, una vez más, somos atletas. Y de los buenos, de los que saben sufrir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-8426265999542011181?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/8426265999542011181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/05/viaje-la-alcarria.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8426265999542011181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/8426265999542011181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/05/viaje-la-alcarria.html' title='Viaje a la Alcarria'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/Shmif1zpAsI/AAAAAAAAACQ/pkRSF-_yXbg/s72-c/castillo_del_cid.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7980406696901557310.post-2213575130283325167</id><published>2009-05-20T22:58:00.011+02:00</published><updated>2009-06-18T10:16:55.548+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Correr'/><title type='text'>Porqués</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/ShRvjnMq7DI/AAAAAAAAACI/L5s6eWaJGqc/s1600-h/rivas10k+2006.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338014115949112370" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 214px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/ShRvjnMq7DI/AAAAAAAAACI/L5s6eWaJGqc/s320/rivas10k+2006.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Porqué el corredor de la fruta? Este curioso título no tiene que ver con mi aficción por los productos hortofrutícolas; me fue concedido por mi amiga Isabel, al ver la foto que acompaña a esta entrada (correspondiente a los 10 km de Rivas 2006). Soy el barbado corredor que aparece tras las dos guapas corredoras. Obsérvese el gesto concentrado, la camiseta tirante sujetando lo que entonces parecía una prometedora barriguita, y los dos pies casi en el aire. Isabel me bautizó como el corredor de la fruta, porque "siempre corres detrás de las peras". Más allá del jocoso comentario, que me apresuro a desmentir públicamente (sin mucha convicción, la verdad es que me gusta mucho la fruta... y las peras), me gustó el apodo, y me gusta para dar nombre a este invento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Porqué pardillete? Según el diccionario, pardillo es "incauto, ingenuo, cándido, que no tiene malicia". Así me sentía yo cuando entre por primera vez en un foro de internet. Era un foro de inversores de bolsa, donde me metí para intentar encontrar algo de luz en el lóbrego mundo de las finanzas, atrapado en una inversión hecha con tanta codicia como desconocimiento. Entre tanto tiburón financiero, yo me sentía como un auténtico pardillo, lo que me llevó a nacer virtualmente con tan poco decoroso (pero descriptivo) nombre. Naturalmente, no aprendí nada de finanzas, el foro sólo me sirvió para dar rienda suelta a mi pluma (la de escribir), y mis inversiones en bolsa alcanzaron tan poca gloria como mis proezas atléticas, pero le cogí cariño al nick. Así, cuando decidí salir del armario como corredor en el foro de &lt;a href="http://elatleta.com/"&gt;elatleta.com&lt;/a&gt;, la añoranza pudo con mi ya de por si escaso sentido del ridículo, y volví a ponerme las viejas vestiduras de pardillete para volver a pasearme por el mundo de los atletas virtuales (en mi caso, lo verdaderamente virtual es mi condición de atleta)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y Porqué este blog? Pues, evidentemente, como respuesta a la presión de la plataforma "Blog pardillete ya" ;-), promovida por varios foristas de "El Rincón de los Paquetes" encabezados por &lt;a href="http://cabesc.blogspot.com/"&gt;Cabesc&lt;/a&gt;, a la que he dado rápida respuesta (risas). Hartos de que les llenara de ladrillazos su rincón, me han invitado amable (y pacientemente) a que cree esta especie de trastero donde almacenar los hijos de mi más o menos lúcida imaginación. Que nadie espere encontrar aquí un pozo de sabiduría atlética, planes de entrenamiento, ni recetas mágicas (salvo de cocina, de esas quizá si). Mi actitud ante la vida es la de ser aprendiz de casi todo y maestro de casi nada, así que como no quiero que mi anárquica e improvisada forma de entrenar sirva de mal ejemplo a nadie, os evitaré los jeroglíficos tipo "3x(6x400) rec 1' a R2 con 3' entre grupos". Pero si un día hago un entrenamiento como ese, sí que os contaré lo que siento. Cómo me duelen las piernas, cómo mi respiración se acelera ávida del oxígeno que mis piernas demandan, cómo la cabeza grita "¡para!", y el corazón dice "¡sigue!". Y no hablo del corazón como ese sanguinolento músculo que impulsa la vida de nuestro organismo, sino del &lt;em&gt;otro&lt;/em&gt; corazón. Ese "castillo interior lleno de moradas" que decía Santa Teresa, que yo veo más bien como un destartalado caserón, algo descuidado, y que ya va estando un poco viejo, en cuyas habitaciones se almacenan recuerdos, pasiones, amores, vida. Hay una estancia, al fondo del pasillo a mano izquierda, que permaneció vacía por muchos años. Un buen día (creo que fue un buen día) empecé a correr, y no encontré mejor lugar donde dejar las zapatillas que esa habitación. Con el paso del tiempo, la habitación se ha llenado de zapatillas gastadas, viejas camisetas de carreras, calcetines desparejados, y los mil y un recuerdos, disfrutes y sufrimientos atesorados a lo largo de muchos kilómetros corriendo. Ahora esa habitación es una de mis favoritas. Muchos días paso por allí, escojo una camiseta, un pantalón, me calzo unas zapatillas, y salgo a correr. Nada más. Y nada menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya lo estoy haciendo otra vez, vaya ladrillo que me ha salido. Francamente, no espero que se dejen caer por aquí más que la media docena de paquetillos que, no contentos con la evidente falta de cordura que muestran corriendo, además parecen encontrar un malsano placer con la lectura de mis escritos. Pero ya no hay marcha atrás, así que "&lt;em&gt;ahí va, como el caballo de copas&lt;/em&gt;".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7980406696901557310-2213575130283325167?l=elcorredordelafruta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/feeds/2213575130283325167/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/05/porques.html#comment-form' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/2213575130283325167'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7980406696901557310/posts/default/2213575130283325167'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcorredordelafruta.blogspot.com/2009/05/porques.html' title='Porqués'/><author><name>Jorge Gómez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14804812391647727858</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/SfhHnWgH87I/AAAAAAAAABA/V-1yPEcz6zY/S220/gatobotas.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_6haeWmzaagk/ShRvjnMq7DI/AAAAAAAAACI/L5s6eWaJGqc/s72-c/rivas10k+2006.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry></feed>
